Yosbert Vásquez: 2018 se perfila como un año de mucha incertidumbre

Lorena Quintanilla Muñoz | Foto: Archivo |

El año 2017 cierra con un saldo negativo para la oposición y positivo para el gobierno pese al alto rechazo. 2018 se perfila como un año de mucha más incertidumbre, así lo registra el politólogo Yosbert Vásquez, quien subraya que en 2018 necesitamos un estadista y romper con la política tradicional.

La oposición sumó una larga lista de errores que se tradujo en grandes fracasos electorales. El gobierno, por su lado, supo capitalizar los errores de la extinta Mesa de la Unidad Democrática, consecuencia de las acciones retrogradas de la dirigencia de la oposición, sostiene.

Agrega que este año se quebró el mínimo de unidad electoral, lo que sin duda repercutirá en 2018 de cara a una elección presidencial o cualquier evento electoral. Ese quiebre es producto del desenfoque que caracterizó a la oposición estos 12 meses.

-La oposición no sabe que no sabe. Las decisiones que toma son coyunturales y circunstanciales; la política en Latinoamérica tiene que ser prospectiva, con una visión proyectada al menos 10 años. En resume, 2017 deja un gran fracaso a la oposición.

Vásquez no cree que exista oposición en Venezuela, a su juicio, se trata de un grupo de amigos en contra del gobierno nacional, que intenta hacer una oposición.

Laboratorio político

Sostiene el entrevistado que Venezuela se convirtió en un laboratorio político, en el que la oposición experimenta constantemente. Como en cualquier experimento existen fallas y eso es lo que ha materializado la oposición.

-A propósito de las protestas, ¿estuvo cerca la oposición de derrotar al gobierno?
-En ningún momento hubo la posibilidad de que el gobierno cediera ante la presión de calle, la cual no fue presión de la dirigencia opositora, la movilización que se logró fue por la ciudadanía que se organizó de manera espontánea, lamentablemente no había conducción política.

La oposición no ha entendido que la política es antropomórfica, tiene rostro, cuerpo, cerebro y pensamiento. En esos meses de mucha calle pero sin direccionalidad y ausencia de criterios se afianzó el gobierno nacional, al punto que la oposición quedó desacreditada.

Si en algún momento la oposición tuvo la posibilidad de controlar la agenda pública nacional, no saber dirigir la protesta de calle, resultó en un saldo negativo y de descrédito. Lo peor es que la gente está incrédula ante la dirigencia opositora. Recuperar la confianza es el reto, lo que se aprecia muy cuesta arriba en 2018.

¿Y el gobierno?

El entrevistado subraya que si bien políticamente el gobierno nacional ha tenido momentos de desequilibrio, de mucha crisis inclusive a lo interno, está desacreditado, aislado y sancionado por organismos internacionales, en 2017 se fortaleció.

Según Datanálisis, Nicolás Maduro perdió 17 puntos en sus niveles de aceptación durante las protestas, sin embargo, se recuperó, logra controlar la Fuerza Armada y al PSUV, esto significa que hoy tiene una fortaleza institucional innegable, que le permitirá terminar su mandato, quizás en las peores condiciones producto del colapso económico, pero termina su mandato.

-Esto no significa que legitime a Maduro. En términos de políticas públicas está aplazado. Durante su mandato ha ejecutado cinco planes de seguridad y el talón de Aquiles sigue siendo la economía del país. La idiosincrasia política del ciudadano le permite a Maduro presentar algunas políticas populistas y eso se interpreta como fortaleza institucional.

-¿Tiene la ciudadanía su cuota de responsabilidad?

-Aun cuando la toma de decisiones no depende del ciudadano, la presión social hacia el gobierno y hacia la oposición pudiera permitir que los actores políticos tuvieran otro comportamiento.

El ciudadano venezolano no está formado políticamente para entender la realidad y las proyecciones de lo que pasa en Venezuela. La gente se preocupa por sobrevivir en medio del caos y no se ocupa de las decisiones que se puedan tomar para mejorar en el futuro más próximo las condiciones de vida.

La abstención este año fue el elemento característico del electorado venezolano. Eso tiene que ver con la formación ciudadana y esa cuota de responsabilidad que cada uno tiene.

-¿Es obligatorio salir a votar masivamente porque de lo contrario el gobierno te hace trampa?

-Por supuesto. La experiencia más exitosa fueron las parlamentarias, con altos niveles de participación. Tristemente la oposición no supo aprovechar esa cuota de poder, ahí el ciudadano no tiene responsabilidad alguna.

-Un escenario similar ocurrió el 16 de julio con el plebiscito

-Una vez más la oposición no supo direccionar con criterio político esa movilización espontánea del ciudadano.

La gente sabe que se deben generar cambios en el cuerpo de gobierno, lo que no ha entendido es que este sistema político perverso procura el desgaste de esa intención de ser parte de un proceso de cambio.

Las sociedades colapsadas aspiran un cambio inmediato pero eso en política no existe. En Venezuela, sociedad, gobierno y oposición, pelean por objetivos-metas diferentes.

El escenario internacional

Vásquez señala que el politólogo Miguel Mirabal, referencia nacional, que está fuera del país, asegura que la comunidad internacional servía de presión institucional y jurídica para generar un cambio.

-Ese es un discurso conocido desde el año 2002. Desde ese momento se le ha dicho al ciudadano que la comunidad internacional está con nosotros y que en cualquier momento se generará un cambio. Estamos en 2018 y solamente hay sanciones diplomáticas, no administrativas.

Pensar que la comunidad internacional va a arreglar los problemas de Venezuela es una barrabasada. La comunidad internacional no tiene capacidad incisiva en un cambio. Las sanciones son personalísimas, para representantes del gobierno, no para el gobierno en sí.

Un cascaron vacío

Sobre el papel de la Asamblea Nacional el politólogo expresa que el espacio del hemiciclo, donde otrora Venezuela discutía su futuro político desde un enfoque jurídico, no existe.
El parlamento del país quedó muy minimizado en 2017.

Considera que debería ser objeto de revisión. “No estoy seguro que sea un poder del Estado. Hoy la Asamblea Nacional ni decide ni incide”.

-¿Este cuerpo sostiene que el gobierno los tiene de manos atadas?

-La verdad que han sido incapaces. Una vez ganada la AN el primer paso era rescatar la institucionalización, eso pasa por la revisión de la norma, la cual te condiciona para poder generar algunos cambios. Si el sistema electoral venezolano es perverso ¿por qué no se modificó la Ley de procesos Electorales? Si la toma de decisiones del Presidente de la República a través de algunos poderes especiales es perverso, con supra poderes, ¿por qué la AN no limitó esos poderes especiales? Los primeros años la AN se encargó de negociar quienes serían los presidentes de cada período y de rechazar declaraciones y actuaciones del presidente. La AN no cumple con sus funciones. ¿Qué hace un diputado?

El diálogo

El diálogo siempre ha sido un instrumento por excelencia para el gobierno nacional para implosionar a la oposición y generar caos en la ciudadanía, analiza el especialista.

-Se trata de un oxigenante por excelencia para el gobierno nacional, que seguramente seguirá usando. 2017 ha sido un caos pero 2018 se proyecta con mayores índices de confrontación y conflictividad social.

Por experiencias pasadas Vásquez no cree que en 2018 se produzca algún resultado fruto del diálogo. Los intereses de la oposición son unos y los del gobierno otros, no hay un punto común. Cuando los intereses son divergentes la negociación fracasa.

Luis Florido utilizó el diálogo como un elemento para perjudicar a Henri Falcón en su intento de reelección, hoy es el gran promotor del diálogo. No existe coherencia política. Mientras el discurso político del gobierno ha sido lineal la oposición hace gala de un discurso contradictorio y eso desorienta a la ciudadanía.

2018

La transición pasa por una especie de triunvirato; la sociedad organizada concatenada con la oposición que en su momento exista y el gobierno nacional. Pensar que Lorenzo Mendoza es la panacea de nuestra enfermedad habla muy mal del ciudadano porque ni él u otro candidato de la oposición tiene la capacidad personalizada de generar los procesos de transformación social, expone.

“Es posible que Vladimir Padrino López tenga una participación importante a la hora de un cambio. Él puede ser el hombre que encabece la transición, no un civil, que no tiene control de armas”.

Consenso o primarias

Destaca que ambos mecanismos son válidos, sin embargo, un proceso de primarias crea fracturas, descontentos entre los grupos electorales.

Ir a unas primarias en medio del caos, con una oposición confrontada de manera abierta y sin escrúpulos, se traducirá en una campaña muy mezquina, caracterizada por el descrédito y desconocimiento al otro y no por resaltar las posibilidades que cada quien tenga.

“En términos electorales 2018 se perfila como un año de mucha incertidumbre, creo más en un proceso de consenso y definitivamente un outsider le puede salvar el saldo electoral a la oposición, no me refiero solo a Lorenzo Mendoza, es posible pensar en Jorge Roig”.

Asegura que en 2018 no necesitamos un político para la conducción del país, necesitamos un estadista que se entienda con los políticos, grupos económicos, comunidad internacional y sociedad. Un hombre de visión 360, proyectada y con capacidad gerencial.

“2018 debería estar marcado por un liderazgo autoritativo, es decir, producto de una investidura de autoridad estadal”.

 

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