#CALEIDOSCOPIO The shape of water (La forma del agua)

Fritz Márquez / IG @fritzmarquez360 | Fotografía: Archivo |

Para quienes piensan que el amor de pareja es irrazonable, quizás esta película les guste. El story line es el siguiente: Elisa es una joven sordomuda que trabaja como conserje en un laboratorio de alta seguridad del Gobierno de EEUU ( año 1962) y allí se enamora de un semi hombre, un extraño anfibio raptado en el Amazonas, y que se encuentra ahí recluido con fines experimentales .

Elisa empieza a sentir simpatía por este raro ser y se establece una fuerte conexión entre ambos. Pero el mundo real no es un lugar seguro para alguien ¿o algo? con estas características.

Ahora bien, si el amor no es bello ni bueno, ¿será feo y malo? Platón dice que “Ciertamente no, el no ser bello ni bueno no implica necesariamente el ser feo y malo, como el no ser sabio no implica necesariamente ser ignorante”. El amor, dice el filósofo: “es el camino entre Dioses y mortales”. Y es justo entre belleza y fealdad –bondad y maldad–, donde transcurre La forma del agua. Una protagonista frágil y valiente, poco glamurosa, sordomuda y nada de guapa, y un monstruo del océano, enigmático, una anomalía natural.

Por amor, continúa Platón “somos capaces de hacer y vivir aquello que el cuerpo biológico no puede concebir”, que es lo heroico; por ejemplo, dejar al hijo, la madre por aquello que no te pertenece ni tiene forma, la locura, pues. En La forma del agua Elisa, está dispuesta a embarcarse en la aventura más irracional, comenzar un amor con un monstruo que es mucho más humana que aquellos que le recluyeron y esclavizaron.

The Shape of Water habla de la compasión, habla del calor que se pueden dar los marginados, los que están y se sienten solos; de la capacidad de amar en las circunstancias más duras. Se cuenta con un lenguaje visual admirable, retratando sensaciones, Elisa pareciera tiene una vida aburrida, se dirige en un autobús a su rutinario trabajo. Pero no maldice su suerte ni reniega del mundo, ni habla que se merece algo mejor, ni se quiere ir de su país y menos se plantea que el monstruo sea su reflejo, ni mucho menos hace cursos de abundancia, no, ella prefiere un alma bella a un cuerpo bello, la mirada enternecedora de Milhalkov, el monstruo, es de un corazón de niño, ella decide por un buen carácter antes que por unos ojos verdes, por un corazón sabio antes que por unas largas piernas.

Elisa a Giles: “Todo lo que soy, todo lo que he sido, me trajo aquí a él. Cuando me mira, la forma en que me mira… no sabe lo que falta en mí. O porque estoy incompleta. Él ve lo que soy, cómo soy. Y él está feliz de verme”.

Este cuento de hadas místico adopta la forma del agua, es decir, ninguna o todas las que usted, con su recipiente adopte o dé forma: absurdo, romántico, bello, terrorífico, trivial. Esa agua puede ser vista desde los bellos monstruos de su corazón o ser de ninguna forma. Así es también la humanidad, siempre la misma y siempre distinta.

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios