La Virgen de Altagracia inspiró a los quiboreños

FSC Fotos: Edickson Durán |

Cantos de fe, ofrendas de amor y cumplimiento de promesas desbordaron las calles de Quíbor en el municipio Jiménez, la tarde de ayer cuando propios y visitantes de todo el estado Lara, acompañaron a la Virgen del Altagracia en su recorrido desde La Ermita hasta el templo matriz de Nuestra Señora de Altagracia.

Pasadas las seis de la tarde, luego de la misa oficiada por Monseñor Antonio José López Castillo, la imagen de la Virgen de Altagracia salió del templo La Ermita, bajo el sonido de las campanas, el vuelo de aves y el roció de pétalos de flores, que emocionaron a los fieles apostados a la salida del templo para iniciar su recorrido hasta la iglesia más importante de Quíbor, en su visita numero 134.

Los feligreses desbordaban las calles de Quíbor y en cada uno de sus rostros se podía ver la fe y devoción que sienten por La Caimana de Quíbor como es llamada la patrona del pueblo.

Durante el recorrido había un amplio abanico de testimonios de devoción y fe. No resultaba difícil escuchar a cada quiboreño contar el milagro que han recibido en su caminar de fe.

Petra Pérez Boquillón de 80 años, contó que recuerda acompañar a la Virgen desde pequeña cuando la traía su mamá, de eso hace como setenta años. “El milagro que he recibido es la sanación de mi hijo, quien fue desahuciado por los médicos, me decían que mi hijo no pasaría de esa noche mientras estaba hospitalizado. Mi respuesta al médico fue que mi hijo se sanaría, porque le estoy pidiendo a Dios que lo cure”.

-Esa misma noche fui a hablar con el párroco que estaba en ese tiempo en la iglesia y le pedí que hiciera una misa por la sanación de mi hijo, mientras oraba en la misa, pude escuchar una voz que me decía que estuviese tranquila, que sintiera paz porque mi hijo se pondría bien. En efecto esa misma noche mi hijo comenzó a sentirse mejor y salió del hospital totalmente sano, hoy tiene 43 años y desde entonces acompaño a la Virgen en su recorrido.

Por su parte, Rosa Porras de 34 años de edad, cuenta que tiene 12 años pagando una promesa por la sanación que recibió de una enfermedad renal. “Hace doce años tenía una enfermedad en los riñones y le pedí a la Virgen que me sanara, pues no quería ser operada y ella me cumplió. Desde entonces no falto a mi promesa de acompañarla cada año”.

Otro testimonio de fe es de Carlos Antonio Jiménez de 55 años, quien rezó por la sanación de su hijo que sufría de meningitis a la edad de 3 años. En su oración le prometió a la Virgen que si su hijo sanaba, él acompañaría su recorrido por las calles del pueblo y así lo hace desde hace 16 años.

El recorrido que tenía como punto de llegada, la iglesia matriz de Quíbor, estaba minado de oraciones implorando por salud, mejorías económicas y sobre todo paz en medio de la situación país.

Para la presidenta de la Fundación del Niño Dejando Huellas, Marielba Díaz comentó que “debemos pedir cada momento por la paz en nuestro país, que cada venezolano pueda formar parte de la salida de la crisis que vivimos actualmente”.

Para Díaz es preocupante la situación con los enfermos de cáncer en nuestro país, por ello recalcó que su oración constante es porque en Venezuela ocurra un milagro con este tipo de pacientes que se registran a diario y le pide a la Virgen un milagro para ellos.

Por su parte, el padre Abis Escalona, sacerdote de la iglesia Nuestra señora de Altagracia, quien por primera vez no acompañó la eucaristía antes de la salida de la imagen de la Virgen, comentó que, “por primera vez puedo ver la expectativa que tiene el pueblo de Quíbor esperando a su patrona”. Recordó que la Virgen de Altagracia nos invita a centrarnos en su hijo y avocarnos a Cristo, quien es el camino, la verdad y la vida. El padre Escalona, afirmó que la oración que debemos levantar es por la fraternidad, porque así como podemos convertirnos en un rio humano sin importar tendencia política o color de piel, así deberíamos ser todos los venezolanos, unirnos como hermanos y eso hará que salgamos de cualquier crisis que vivamos.

La Caimana como le dicen los quiboreños, debido a que en una oportunidad un habitante del pueblo se ahogaba por unas fuertes lluvias y al verse en peligro y no recordar el nombre de la Virgen comenzó a exclamar Caimana! Caimana! Sálvame! Al ser rescatado, comenzaron a llamar así a la Virgen de Altagracia.

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