En Crespo se refugian en la basura para subsistir

Mariángel Massiah | Foto: Karen Paradas |

Al menos 40 familias en el municipio Crespo se refugian cada día entre la basura. El vertedero se encuentra a unos diez metros montaña arriba del pueblo de Duaca. El sector lleva por nombre Bella Vista, aunque lo que se observa en el lugar no le hace alusión a como lo denominan.

La extensión del tiradero de basura es de aproximadamente tres hectáreas, en esa porción de tierra se acumulan toneladas de desechos. Las piezas allí botadas se pierden de vista entre los montones de desperdicios.

Cada ocho días los trabajadores encargados de depositar allí los desechos, efectúan una quema controlada de una parte de ellos, en pleno borde la montaña.

Trabajo sucio

Algunos convirtieron este sitio en su lugar de trabajo. Los que se hacen llamar gancheros acuden a sus puestos cada día a las ocho de la mañana. Relatan que efectúan una segunda revisión a las porciones ya revisadas mientras esperan que lleguen los camiones. A las 10:00 de la mañana llega el primero.

Aproximadamente tardan dos horas en chequear todo lo descargado. “Basura para unos, tesoros para otros”, expresó un joven que allí se encontraba mientras observaba con detalle los desperdicios. Este proceso puede extenderse aproximadamente durante dos o tres horas.

Los trabajadores de la basura utilizan ropa vieja, sucia y desgastada para no arruinar su vestimenta, mientras pasan horas durante el sol, acompañados de las cientos de moscas que vuelan en el lugar; pudiéndose encontrar con cualquier desperdicio. Todo tipo de persona se ve trabajando allí, desde niños pequeños, adultos, ancianos y mujeres; y en algunos casos hasta familias enteras.

Lo que más se observa en el vertedero son trozos de tela, ropa vieja, malgastada y dañada; al igual que zapatos rotos. Y un alto porcentaje de lo que se puede encontrar en la papelera de cualquier hogar: restos de verduras, empaques de alimentos, comida dañada, y objetos que para sus dueños perdieron su valor. Este sitio abrigó a gran cantidad de desempleados que desesperados buscaban un trabajo, así fuese sucio, para mantener a su familia.

José Guédez quedó discapacitado en un accidente automovilístico, para moverse necesita usar un par de muletas, pero eso no lo detuvo en “irse a ganar la papa”. Guédez detalló que algunos ciudadanos que tenían buenas condiciones económicas, y que incluso eran dueños de negocios, pasaron a ser sus compañeros de trabajo en los últimos meses.

Se presume que cada día –aproximadamente- se les une un nuevo colega. Así fue el caso de Antony Camelora, quien desde hace dos meses se dedica a esta nueva profesión. “Lo que me trajo a aquí fue la situación que estamos viviendo, no consigo empleo. Yo incluso llegue a tener un negocio de chicha pero robaron todo en el barrio y quebramos”, expresó Alejo.

La labor de los gancheros consiste en separar la basura, se encargan de dividir los desperdicios que son reciclables de los que no. La división es realizada con un elemento que ellos llaman puya; en su mayoría son varas de madera con una punta filosa para arrimar la basura.

Por su parte, Henry Alejo llegó al vertedero hace tres meses. Detalla que dejó de conseguir trabajos de construcción -a los cuales se dedicó toda su vida- y necesitaba una fuente de ingreso para mantener a su pequeña.

Los elementos más buscados son el plástico, el cartón y el vidrio; al ser los más fáciles de encontrar. Sin embargo, los duaqueños aseguran que cuando tienen “suerte” consiguen cobre, aluminio, y hasta incluso algunas prendas de oro y plata; aunque estas son encontradas luego de hacerle una revisión a los desperdicios ya quemados.

Las ganancias pueden variar. Un ganchero en un día puede recolectar 50 kilos de desechos reciclables. Por 50 kilos de cartón la ganancia es de 600 bolívares. El plástico es vendido en 3.500 bolívares los 50 kilos, y por 10 kilos de vidrio la remuneración es de 1.000 bolívares.

Lo que los gancheros van recolectando, lo van acomodando en sacos blancos y amarrándolos; los bultos son acumulados en un sector del vertedero y son vendidos a sus clientes (algunas empresas que reutilizan el material) una vez a la semana. Se estima que mensualmente pueden ganar entre 250 y 300 mil bolívares cada uno.

Los gancheros no niegan que también se quedan con algunos de los productos que puedan conseguir. Las esposas de los trabajadores de la basura, mientras los acompañan,buscan algunos zapatos o ropa que no estén en nefastas condiciones y puedan arreglarlos para volver a utilizarlos; incluso si encuentran comida en buen estado se la llevan para que forme parte de su cena, o de la despensa si es un paquete cerrado, que casi siempre los botan por estar vencidos.

Camelora comentó que el mayor de los riesgos a los que se exponen trabajando allí son las cortadas que se realizan al momento de pisar vidrios o materiales punzocortantes, exponiéndose al riesgo de sufrir tétano o que se les infecte la herida. Uno que otro igualmente ha sufrido dañados al caminar por la montaña, resbalarse al pisar mal y caerse. Relata que al momento de padecer un accidente, su auxilio son los conductores de camiones de basura, quienes le dan la cola hacia el hospital del pueblo.

Decenas de perros habitan el vertedero. Se alimentan de lo que allí consiguen y acompañan a los gancheros mientras juegan entre la basura.

El segundo camión llega a las 2:00 de la tarde y los gancheros se mantienen revisando esta carga pasada las 5:00 de la tarde, hora en la que se dedican a regresar a su hogar para descansar y prepararse para otra fuerte jornada en el crematorio.

Un pequeño de 14 años se encontraba en el vertedero. El niño dejó sus estudios y se dedicó a trabajar allí hace algunos meses. “Si uno se pone a ver, ahorita quien estudia qué futuro tiene”, agregó.

El dirigente del Movimiento Crespo Activo, Asdrúbal Álvarez, comentó que hay deserción escolar porque los representantes no tienen cómo cancelarles el pasaje o un buen alimento a sus hijos. “No hay empleo porque el único que existe es el de la basura, los carritos y pocos que trabajan en las áreas agrícolas. Aquí se pierde la juventud de la manera más flagrante. Estos ciudadanos viven en una miseria permanente”.

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