Es tiempo de renovar la fe y conocer a la virgen de Coromoto

Rosmir Sivira/Foto: Archivo |

El mundo en sus manos. En tiempos difíciles las personas buscan de Dios y grupos cristianos llevan la Palabra. Como las Hermanas Trapenses de Humocaro Alto, grupo religioso que en situaciones de conflicto social, moral y ético, le recuerdan a la  sociedad que el destino de todos, en especial de Venezuela, se encuentra en manos del Padre. El mundo presenta una cruz, instrumento de la redención.

Así lo relata la hermana Mahizlen Yusti, quien sostiene que en esta ocasión la congregación se ha trazado como propósito mostrar a los venezolanos que Dios mira el país con ojos de piedad. “Él no nos va a dejar,  pero en vez de ser como el indio que se queja y revela, se debe buscar de Dios y no esperar la penumbra más temerosa para pedirle perdón”.

El grupo de religiosas sostiene que si Venezuela  atraviesa por periodos difíciles  se trata de pruebas que deben ser tomadas para despertar a la sociedad en la fe, la esperanza y el amor, a objeto de buscar a Dios y valorar los dones que este ha dado a la nación.

En este sentido, recuerdan que no hay regaló más grande que el del hijo de Dios, quien padeció y murió para salvar al mundo de los pecados.

Yusti sostiene que a pesar de los problemas es necesario creer que “nuestra reina y soberana María de Coromoto vela por todos los hijos de esta patria”. Su hijo, Jesús, mantiene en sus manos el destino de la nación.

El mensaje  es cambiar, buscar a Dios y pedirle ayuda.

Conocer a la virgen

Con preocupación, las religiosas del Monasterio de Monjas Trapenses, aprecian un significativo desconocimiento de la historia de Patrona de Venezuela, la virgen Nuestra Señora de Coromoto.

Subrayan que “lo que no se conoce no se ama, lo que no se ama no se valora, lo que se valora no se agradece”, lo cual también calificaron como  una ofensa a Dios Padre que en su misericordia y providencia envió a Venezuela a María con su hijo en brazos.

Refieren que Dios mira con ojos particulares a Venezuela, por la manera en que presenta a la Virgen de Coromoto, que no es una pintura hecha por el hombre sino una figura de la divinidad.

Es a través de su aparición, a finales de 1651 que la virgen no sólo da un mensaje de salvación, al invitar al indio a sumarse al bautismo, también  le da a entender a él y a su familia que “blancos e indios… todos somos iguales”.

La fe de Venezuela

Al consultarle a Yusti su apreciación sobre la actual condición de  la sociedad venezolana, la hermana trapense destacó que es “sumamente compleja, desde la perspectivas económica, política, social y moral”.

Señaló que “quizás el venezolano no ha despertado, sino que se ha dejado llevar por la comodidad, pero se debe luchar”.

Sostiene que la raíz de esta problemática es el alejamiento de Dios. “No se trata de que todos seamos religiosos, sino que se le dé a Dios su lugar en nuestras vidas”.

Sobre si el venezolano estaría realmente consciente de que necesita buscar ayuda, la hermana sostuvo que precisamente fue la falta de conciencia la que afectó al indio Coromoto.  “Se debe despertar la conciencia y no sólo decir Dios te quiero… Que la conciencia guíe la forma de actuar, no se debe ser corrupto, sino respetar al otro. Entender que para todos hay un espacio”.

Aseveró que el venezolano se ha dejado llevar por temas políticos, más que por la espiritualidad.

“El venezolano es por naturaleza un pueblo idólatra, no sólo por la santería, sino porque se han convertido en ídolo del dinero  y la comodidad… Tenemos que tomar conciencia de que el único salvador es Dios y que lo humano y lo espiritual van de la mano”.

Recuperar la familia

Las trapenses sostienen que la tercera enseñanza  del Padre y su Hijo, junto a María, es el valor de la familia. “La bella señora se le aparece a la familia del indio Coromoto, así como Dios lo hizo ante Abraham, nuestro padre en la fe.

En este sentido, subrayan que en momentos tan complejos como los que se viven en Venezuela, muchas familias  están separadas por razones políticas, económicas, religiosas y hasta migratorias. Por buscar mejores condiciones de vida, odios e intolerancia.

El llamado es a vivir como hijos de Dios, en respeto mutuo y seguimiento de los sacramentos, a recibir a Jesús a través  de la Palabra, de la Eucaristía y la oración.

“En medio de las tinieblas, cuando parece que todo está perdido, Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, con su Niño en los brazos, ilumina todo el territorio, para levantarnos de la postración en la que estamos”.

Para ello será preciso abrir la conciencia y vivir en coherencia con el evangelio: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

 

 

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