#EspecialDivinaPastora Una fuerza celestial le dio aliento

Angélica Romero Navas | Foto: Stiven Valecillos |
MILAGROS DIVINA PASTORA. 02-12-2015 FOTO: STIVEN VALECILLOS

Todos los integrantes de la familia Torrealba son católicos por tradición pero sobre todo por convicción. Las estelas de la divinidad de la Madre de Dios, a través de la imagen de la Divina Pastora, ha tocado la vida de cada uno.

Un domingo, el 26 de octubre de 2014, Jean Carlos Torrealba se estacionó en la puerta de su casa en Santa Isabel, acompañado por su esposa y su hijo de tres años de edad.

Regresaban de hacer compras en el supermercado. La esposa y el niño se bajaron de la camioneta y en el momento en que Jean Carlos bajaba las bolsas de la maletera, un hombre lo apuntó con una pistola.

Lo siguiente que recuerda fue su despertar en un centro de salud y la dificultad para mover ambas piernas. Le habían disparado en el área abdominal. El proyectil le causó daños severos al intestino, primero se movieron de lugar y luego se reventaron.

Los médicos le dijeron a la familia que la recuperación sería larga y difícilmente volvería a caminar.

Un año después y luego de cuatro intervenciones quirúrgicas, Jean Carlos nuevamente camina. Sus pasos son lentos, como un infante en sus primeros intentos y que necesita sostener la mano de su madre para no caer… pero camina.

“Que esté vivo es un milagro, yo sentí una fuerza celestial que me ayudó a levantarme de la cama” manifestó Jean Carlos.

Hoy tiene 38 años, se expresa en un tono de voz bajo, sereno, dice que vive su “segunda vida” sin apegos a lo material y que aquel episodio lo hizo reafirmar su amor por Dios y la Virgen.

A Virginia de Torrealba, mamá de Jean Carlos, le costó rememorar la pesadilla; corrían las lágrimas por su rostro cuando expresó que en el tiempo que su hijo estuvo en el hospital, se refugiaba en una pequeña capilla en donde había una imagen de la Divina Pastora, allí oraba todos los días y se reconfortaba antes de entrar a la habitación para que su hijo no la viera cabizbaja.

Por momentos decaía, “no es fácil ver a un hijo en esas condiciones”, pero nuevamente se sobreponía. Virginia ya tenía una licenciatura en eso de superarse ante las adversidades.

Cuatro años antes del hecho que cambió la vida de su hijo, su esposo, Gregorio Torrealba, estuvo seis meses hospitalizado luego de ser arrollado por las ruedas de su propio camión.

Tuvo fractura de costillas y piernas, en la cicatrización presentó queloides, permaneció quince días en terapia intensiva.

Esas turbulencias que la vida le deparó, la hizo profundizar en su encuentro con la Madre de Dios y más temprano que tarde comprendió que se convertirían en momentos aleccionadores. A partir de ese instante, obra para Dios.

Los Torrealba perseveran en la oración en donde siempre hay espacio para la acción de gracias.

Dice la Biblia, Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Marcos 11:24.

He ahí el secreto de sus infinitos milagros recibidos.

Servicio para Dios

Si antes eran creyentes de la Madre de Dios, ahora son fieles devotos. Jean Carlos, su hermana, sus padres Virginia y Gregorio, su tía Marbella y su abuela, dedican su vida al servicio de Dios, son miembros activos de la Iglesia católica y no faltan a ninguna procesión de la Virgen.

Desde el día anterior preparan cotillones para repartir a todos quienes asisten a la vigilia, también hacen un centenar de arepas y se alistan con sus camisas timbradas con la imagen de la Virgen para acompañarla en su recorrido el 14 de enero.

En un rincón de la sala de su casa, permanentemente hay un velón encendido, frente al retrato del Sagrado Corazón de Jesús en donde se encomiendan cada día antes de salir. Se consideran una familia protegida.

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