Alegría en navidad

Joel Rodriguez Ramos |

Difícil estar alegres en Venezuela. Nos llega la Navidad en medio de una gran incertidumbre y desesperanza dibujada en los rostros de todos. Muchos padres dolidos por tener a sus hijos y nietos fuera del país, añorando aquellas fiestas de la Venezuela que conocimos. Es grande la cantidad de familias desmembradas y sin esperanza de un pronto reencuentro. Nunca imaginé que los venezolanos llegaríamos a una situación como la actual. Rompe el corazón, por ejemplo, saber de 130 niños que el gobierno, arbitraria y perversamente, no dejasalir del país para reencontrarse con sus familiares en las hermanastierras del Perú. No sólo no deja salir del país a los niños, sino que ordena detener y enjuiciar a quienes promovieron la humanitaria idea de acercarlos a sus padres que hoy viven un oprobioso destierro. Al gobierno no le importa los efectos que en los niños tenga su decisión, por el contrario, disfruta de su maldad y de que se divulgue por el mundo entero, advirtiendo que esa es su naturaleza. Si hay alguien a quien Dios castigará con dureza, será a quien haga sufrir a niños, enfermos y ancianos. La justicia divina llegará y castigará con rigor este régimen.

Todos los países conocen la naturaleza antidemocrática e inhumana del gobierno venezolano, pero, reitero, a este no le importa,ríe de su perversidad. Es cínico. Parece que una de las pruebas contra los narcosobrinos fue haberse reído, también con cinismo,de comentarios sobre asesinatos y amenazas de asesinatos.Eso los perjudicó. Igual se ríe el gobierno de su propia maldad. El gobierno quiere que se divulgue su maldad, desea que se sepa,así creará más temor entre la gente. En Venezuela continúa, además, la escasez de alimentos, medicinas, bienes de toda naturaleza y una hiperinflación insoportable y al gobierno no sólo no le importa, lo desea. La inseguridad es terrible y el régimen ni se inmuta, la promueve. Entonces no hay en Venezuela motivos de alegría en esta Navidad. Todo luce triste y apagado, incierto, sin colores y sin esperanza. Así ha estado mi ánimo estos días previos a la Navidad, pero no es bueno ni cristiano permanecer en esa pesadumbre.

El domingo pasado, tercer domingo de Adviento, cuando ya vemos muy cerca la llegada del Niño Jesús, me encontré con la segunda lectura de la Misa de ese día, que es aquella carta de San Pablo a los tesalonicenses, en la cual el apóstol de las gentes invita a sus hermanos a “estar siempre alegres, oren sin cesar, den gracias en toda ocasión, puesto que esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús.” Estemos pues alegres, a pesar de todo, que nada ni nadie nos quite la alegría que viene de lo alto y que la Navidad renueve en los venezolanos la esperanza de un mejor porvenir. Me despido hasta el 10 de enero si Dios quiere. Felicidades en Navidad y Año Nuevo.

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