Arquidiocesana: “La Soberbia Envidiosa”

“¿De donde habrá sacado este hombre todo esto? ¿Quién le habrá dado tanta sabiduría y semejante poder como tiene en las manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No vienen sus hermanas aquí, con nosotros? (Marcos 6,2-3)

La soberbia, engendra la envidia.

La soberbia odiosa a Dios y a la comunidad, llega a ser ridiculez en el ser humano y es un signo de debilidad.

Existen diversos tipos de soberbia, una de ellas, podría ser la del engreído que sólo ambiciona honores y grandezas estrepitosas (Lucas 14,7); o la del codicioso arrogante que hace del tener, motivo de humillación para los demás (Amós 6.8); en todas esas formas de soberbia sólo existe hipocresía y egoísmo, con una gran carga de desprecio.

El soberbio rechaza toda interdependencia, incluso pretende ser igual a Dios (Juan 5,18), no acepta otras opiniones, y no cree en la sencillez, le parece propia de ingenuos. Es un descarado, para quien lo que él hace necesariamente es bueno, aunque sea malo y lo que hacen los otros, es malo, aunque sea bueno.

Los creadores de mentiras, son unos perversos, que sacrifican a la patria por sus propios intereses y privilegios. Estos soberbios, prefieren que se hunda el país, para mantener su corrupción.

Esos delincuentes creen que el país son ellos, de allí el anhelo por sembrar el caos, ya que ese es su hábitat. Pero Venezuela sabe que la mayoría de sus hijos, sí creen en ella. Si hay soluciones, si hay esperanza, a pesar de tantos politiqueros, que ni piensan en el pueblo, sino en sus ansias de poder. Estos son lobos tiranos con piel de ovejas.

Es de derecha o izquierda, según le convenga a su imagen. No le interesa la verdad, sólo su amor propio.

Dios maldice la soberbia

(Salmo 119,21).

La soberbia envilece y crea sólo tiranos (1Pedro 5,5), el soberbio aplasta al débil, no cree jamás en los derechos humanos. Es aquella de “yo y nada más que yo”.

Sin embargo el desprecio al pobre, es desprecio a Dios. Por eso los imperios, igual que sus déspotas serán derribados (Isaías 47,9).

Dios dará con creces a los soberbios, lo que les es debido (Salmo 31,24)

En fin la verdadera humildad y sinceridad de vida, es la auténti- ca senda, frente a la soberbia envidiosa.

En todo caso, es bueno recor- dar las palabras del Señor: “El que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensal- zado” (Mateo 23,12).

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto

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