Arquidiocesana: “Las Bienaventuranzas siempre Actuales”

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto. |

En estas bienaventuranzas, se presentan las exigencias éticas más importantes de Cristo. Esos principios son como los criterios básicos del nuevo pueblo de Dios. Se crea así el perfil del discípulo de Jesucristo.

Las bienaventuranzas son pues las actitudes para ser cristianos; por lo tanto, debemos ubicar bien el sentido por ellas, ya que no son un freno a los derechos humanos sino que por el contrario poseen un sentido dinámico y de verdadera promoción de la dignidad humana.

Hoy más que nunca, tienen una validez increíble, y siguen siendo novedosas, cuando nuestra crisis es ante todo ética e institucional.

Analicemos.

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”

Para la Biblia, el pobre es el hombre honrado, que pone en práctica la justicia, y cree en la fraternidad, todo esto vivido desde la fe. Esta pobreza se opone a la miseria, al hambre, al pasivismo o conformismo social. Esta pobreza de espíritu se opone a la pereza o al paternalismo. No se opone al tener. Pero si rechaza la soberbia, la mentira, la codicia, la prepotencia, el espíritu hegemónico, el absolutismo, no bendice “los pulpos”, ni cree en caciques, ni en virreyes, sino que creen en el hombre como ciudadano, sujeto de deberes y derechos. Por eso el hombre o mujer honestos, solidarios, responsables, que se sienten comunidad, sin complejos, que no tienen un espíritu opresor, y que entienden como servicio en dignidad, todo esto como visión y experiencia humana desde la fe, son “pobres de espíritu”, es así como se crea una nueva sociedad, para esto es conveniente la serenidad, la mansedumbre, sin desesperación.

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados”

Pertenecen a estos los que lloran por dentro, pero están de pies ante la vida, sin entreguismos, sufridos ante las contradicciones y egoísmos humanos, dolidos por los atropellos sociales, pero a la altura de su deber. Son también quienes sufren por dentro y por fuera ante la muerte implacable que les arrebata un ser querido, pero que dicen en lo íntimo de su corazón “Señor, quien cree en ti, aunque haya muerto vivirá”.

Entonces dichosos los sufridos y los que lloran a solas, pero que luchan y lucharán siempre, para que otros no lloren ni sufran injustamente.

“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”

La justicia bíblica hace referencia en primer lugar a la mujer u hombre, amigos de Dios, deseosos de hacer la voluntad divina, el que trata de santificarse, el que practica su fe.

Pero también hace referencia a la justicia social. La sociedad necesita mujeres y hombres que tengan hambre y sed de justicia social, que se esfuercen en la integridad profesional, familiar y social.

Seres humanos que devuelvan la credibilidad política, religiosa, sindical, judicial, empresarial, hace falta gente que haga y que quiera que las cosas se hagan bien.

Dichosos éstos porque son sinceros, auténticos, limpios de corazón y porque no son inflexibles, inhumanos sino nobles, misericordiosos, que saben dar oportunidades, porque en su corazón, no hay rencores ni venganzas, ni son ingenuos. Ellos son dichosos porque trabajan de esta manera por la paz, sin buscar insidias, ni divisiones, sino armonía profunda, conquistada con valor y amor.

“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los Cielos”
Tomar partido por el bien, es afrontar el riesgo de la incomprensión, y ser objeto de la amenaza, zancadillas o juegos sucios, es decir, sentirse perseguido. Toda causa tiene su precio.

Pero lo hermoso es saber y sentir que a todos los que traten de vivir estas actitudes Dios le dice: “BENDITOS PARA SIEMPRE”
La verdadera revolución es dejar el egoísmo y vivir a imagen de Cristo

Vaticano, 25 Enero. 17 / (ACI).- Con una invitación a no seguir las modas del momento y a no vivir para uno mismo, el Papa Francisco concluyó la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos en la celebración de las segundas vísperas en la Solemnidad de la Conversión de San Pablo este miércoles 25 de enero.

“Es esta la revolución que Pablo vivió, y es también la revolución cristiana de todos los tiempos: no vivir para nosotros mismos, para nuestros intereses y beneficios personales, sino a imagen de Cristo, por él y según él, con su amor y en su amor
“Para la Iglesia, para cada confesión cristiana, es una invitación a no apoyarse en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento, sino a buscar el camino con la mirada siempre puesta en la cruz del Señor; allí está nuestro único programa de vida”.

“la reconciliación a la que somos urgidos no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es ante todo la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo”. “Más que ser un esfuerzo humano de creyentes que buscan superar sus divisiones, es un don gratuito de Dios. Como resultado de este don, la persona perdonada y amada está llamada, a su vez, a anunciar el evangelio de la reconciliación con palabras y obras, a vivir y dar testimonio de una existencia reconciliada”.

Evangelio

Mateo (5,1-12a): En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Senor Jesus.

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