Arquidiocesana: Tus talentos

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto |

“Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y les dejó encargados de sus bienes, a uno le cinco talentos de plata, a otros dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad (Mt 25, 14- 15).

El personaje de la parábola optó por repartir los ocho talentos, entre sus empleados, a fin de que negociasen, y poder obtener ganancias por su inversión.

Reparte esos talentos entre tres negociadores, no por iguales, sino según la capacidad y habilidad de cada uno para trabajar con ellos. Pues bien, al final resultó que el primero y el segundo supieron actuar con responsabilidad y eficiencia, y tuvieron éxito, duplicando los capitales.

En cambio, el tercero, por desidia, negligencia, irresponsabilidad, prepotencia no luchó, no se arriesgó, no trabajó, no invirtió en nada, lo que hizo fue enterrar el talento y allí dejó, sin producir.

Al cabo de un tiempo regresó el dueño de aquellos talentos, para pedir cuenta de su administración.

En efecto, a los dos primeros les alabó por su laboriosidad y buena administración, ya que lograron ganancias, dieron frutos.

Por el contrario el tercero, sólo ofreció excusas y justificaciones y además le echó la culpa al dueño por lo cual, éste lo reprendió severamente por irresponsable, perezoso, ofensivo e ineficiente.

Cristo exhorta a que sepamos aprovechar con diligencias las gracias, cualidades y potencialidades que cada uno, ha recibido, y que podamos dar cuentas de esos dones.

La inteligencia como talento

Poseemos el don de la inteligencia que nos permite conocer, estar conscientes, la razón, es una dimensión que nos hace personas. Cómo podemos utilizar ese prodigio del saber, para deducir, estudiar, hay tanto que aprender, son tantos y tan maravillosos, los campos de estudio, a fin de capacitarnos cultural- mente, como también lograr la aplicación de esos conocimientos a la vida, desde la ciencia, la técnica, o el humanismo.

Qué tristeza, cuando se pierde el tiempo, cuando no se estudia, por pereza, o por vicios. Qué hermoso es constatar que no se pierden los años, que se estudia con responsabilidad, que se busca capacitarse bien y mejor, en una palabra, que se pone a producir esa facultad extraordinaria, que llamamos inteligencia.

Debemos estar bien informados, debemos pensar, saber por qué vivimos, por qué estudiamos, debemos deducir bien; orientar nuestras vidas por un pensamiento honesto, constructivo, positivo y diligente.

La voluntad como talento

Debemos utilizar, apropiadamente nuestra voluntad. El poder decidir en la vida, es un don fabuloso.

Pasar del conocer al actuar es sumamente importante.

Determinarnos a construir. Lograr que nuestros actos correspondan con la justicia, con el bien. Sentirnos libres para actuar con honradez, con honestidad, con nobleza.

Oponernos desde nuestra libertad al mal, al pecado a lo inmoral, a lo que no es ético. En una palabra unir esa facultad para ser personas responsables, conscientes de nuestras propias decisiones, en base al bien realizante. Poder dar cuentas a Dios, de nuestra recta intención, es un reto maravilloso.

El sentimiento como talento

Poseemos el talento, de nuestros sentimientos, somos seres vivos, que sentimos, que vibramos, que estamos sujetos a la alegría, a la tristeza, al odio, o al amor. Qué bueno es llegar al dominio de nosotros mismos, a no permitir que la fuerza dominante en nuestra historia personal, sea el odio, el temor, sino que sea el impulso fundamental del amor el que nos guíe, que podamos encauzar nuestro sentir desde el amor a Dios y al prójimo, con actitud fundamental.

Que el tener, el saber y el poder, bien entendido puestos al servicio del hombre y de la gloria de Dios sean talentos que podamos multiplicar constructivamente.

La fe, la esperanza y la caridad, todas las virtudes son dones que debemos hacer crecer en nosotros. Lo que no podemos es enterrar los talentos, perezosa, irresponsablemente, y después culpar a los demás. Por eso a trabajar y a hacer rendir nuestros talentos.

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