Arquidiocesana El Verdadero Creyente: No muere Jamás

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto | Foto: Archivo |

Estamos ante la situación de una familia muy querida por Jesús, en la cual su gran amigo Lázaro, se encuentra bastante enfermo, incluso se lo anuncian, pero Jesús responde: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Jesús demuestra no temer la muerte, ni la propia, ni la de su amigo, porque Él la va a vencer con su Resurrección y va a resucitar a Lázaro. Él interpreta esa primera muerte del hermano de Marta y María, como un sueño pasajero. A propósito se queda más tiempo en donde estaba, hasta tanto muriera, aquel hombre.

A su vez, decide ir a Betania, en donde quisieron matarlo, para demostrar que la muerte, no lo detendrá, bajo ninguna forma, en su misión salvífica, ya que su norte es la verdad y entonces las tinieblas quedarán vencidas; sin embargo, los apóstoles, se envalentonan y deciden acompañarlo, incluso están dispuestos a entregar su vida, con la suya. Jesús se dirige a aquella amada familia para acompañarla.

Marta convencida del poder de Cristo, le ruega, con una plegaria sentida: “sé que lo que le pidas a Dios, te lo concede”; ella pedía en forma muy sutil, que resucitara a su único hermano, ya que el Cristo es el Mesías, el Hijo de Dios, dueño de la vida y de la muerte; así logra sacar del corazón de Jesús, una promesa: “Tu hermano resucitará “ porque él creyó en Cristo de verdad, y por lo tanto no se perderá para siempre, pero además de vivir eternamente, lo va a volver a la vida, nuevamente en el tiempo, porque: “yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en mí , aunque haya muerto, vivirá…” aquí hay un gesto especial: “Jesús viéndola llorar a ella, y a los judíos que la acompañaban, sollozó…” qué escena tan humana, de verdadera amistad, tanto hacia María y Marta como hacia Lázaro.

Es que sea como sea, la muerte es separación y es ausencia, e implica dolor, es un aguijón, pero Cristo profundamente humano entre los hombres, decide como Dios vencer ese dolor, triunfar sobre la muerte, y más que en aquella familia había fe autentica en Él; y entonces para mostrar la gloria de Dios, confiando en realizar la voluntad de su Padre celestial, gritó con poderosa voz: “Lázaro, levántate”, y así vuelve Lázaro a la vida, de esa manera su amigo continuará a su lado, porque quien cree en Él no muere, y si muere vuelve a la vida, porque existe la vida eterna y para siempre, y con felicidad total para quienes, manifiesten su fe en Jesús. El poder de Cristo nos da fuerzas, para vencer la muerte del pecado en esta vida; ese pecado que nos frustra, deprime y destruye, desde: el mal genio, la avaricia, el crimen, la mentira, la deshonestidad, la maldad. Los amigos de Dios vencen todo esto y viven una verdadera, existencia y además después que se sienten victoriosos, siguen viviendo con su Padre y amigo Dios, porque los que creen en Él, no mueren jamás.

La gente más feliz, son los santos, estos son los triunfadores, y esto lo da la santidad en Dios; al contrario la codicia, la soberbia, el mal nos mata. Por eso Jesús nos dice: “levántate del mal y resucita al bien”.

 

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