Arquidiocesana 03-05-2015

Evangelio

Juan (15,1-8): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto… Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.» Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Santo Padre

¿Por qué los jóvenes de hoy no quieren casarse?

Francisco reflexiona sobre el sacramento del matrimonio y recuerda que es una unión protegida por Dios

… ha recordado que “junto a otras causas, hay un miedo a equivocarse y fracasar que impide confiar en la gracia que Cristo ha prometido a la unión conyugal. El matrimonio consagrado por Dios protege esa unión entre el hombre y la mujer,… y que es fuente de paz y de bien para las personas y para la sociedad”. …” El mejor modo de mostrar al mundo de hoy la belleza y la bondad del matrimonio es el testimonio de vida de los mismos esposos y de la familia”.

Bono

Notas Pastorales – V Domingo de Pascua /B

Iglesia en Marcha

-La Renovación Carismática Católica Servicio de Familia invita a:

Retiro para Parejas I Nivel del 15/05 al 17/05, lugar: Parroquia San Pablo de la Cruz y Caserío Sabana Grande Sanare. Inf.: 0416-4588324 – 0414-5250146

-La Parroquia Divino Niño (El Trigal-Cabudare) te invita a un paseo  al   llano  y la jungla, Hato el Cedral  y el Cerro Autana del 31/07 al  05/08. Inf.: 0414-525.41.91

Buenos Frutos

“El que permanece en mí, y Yo en él, da muchos frutos” (Juan 15,5)

La tierra debe producir árboles, que den frutos.

El hombre mismo recibe el mandato por parte de Yahvé “Fructifíquense y multiplíquense” (Génesis 1,22-28).

Precisamente, una de las señales de la buena tierra es que los árboles allí sembrados den fruto. Esto es al mismo tiempo un signo de vida.

De la misma suerte Dios, Creador, exige resultados, frutos a su viña, no quiere la pasividad. Por ello los sarmientos que no produzcan serán cortados y arrojados al fuego para que ardiendo, se destruyan, en efecto dice Jesús: “Al que no está unido a mí, se le arrojará como al sarmiento que se seca, lo recogen, lo echan al fuego y arde” (Juan 15,6).

De la misma forma, la higuera estéril no tiene ninguna razón para ocupar un puesto inútil en aquella tierra.

Por ello el viñador dijo: “hace ya tres años que vengo a buscar frutos en ella y no los hallo, córtala…” (Lucas 13,7).

Incluso el dueño bíblico del dinero, tiene derecho a exigir productividad a ese mismo dinero, o sea a los talentos entregados a los administradores, ya que les advirtió claramente “Negocien, mientras regreso”. “Cuando llegó el dueño, hizo venir a sus siervos a quienes había dado el dinero para saber como había negociado cada uno; el primero se presentó diciendo Señor, tu talento h0a producido diez y le contestó, muy bien siervo bueno, puesto que has sido fiel en lo poco, recibe el gobierno de diez ciudades. Y vino otro diciendo, Señor, he aquí tu talento que tuve guardado en un pañuelo, porque tuve miedo de ti, que eres severo… Y le respondió el dueño, por tus mismas palabras te juzgo,  siervo malo, sabías que soy severo… ¿Por qué no pusiste mi dinero en la banca y yo, al volver lo hubiera retirado con los intereses? (Lucas 19, 13-23).

Por tanto así como la tierra, sin agua, no puede normalmente dar frutos; así también el hombre sin Dios, no puede dar buen fruto. Es más, sin Dios, los frutos del hombre muchas veces son venenosos (Deuteronomio 32,32)

Jesucristo enseña a sus discípulos, discernir a los falsos profetas que dan frutos malos, ya que por “los frutos los conocerán, ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?” (Mateo 7,16)

Los frutos malos producen muerte. Los frutos buenos dan vida.

Nuestro Divino Maestro recomienda una norma para dar frutos: “Si el grano de trigo que cae en la tierra, no muere, se queda sólo, pero si muere, da mucho fruto” (Juan 12, 24); por eso el acepto la hora del sacrificio y la muerte.

El bautizado, para dar frutos vive en íntima unión con Jesucristo, porque Él actúa a través de una fe operante, entonces “Todo sarmiento que dé fruto, lo podará, para que dé más fruto” (Juan 15,2).

El fruto, según el espíritu, para el Cristiano es la Caridad, que cuando es auténtica da toda clase de virtudes (Gálatas 5,22ss)

Los buenos frutos, son los que definen nuestras vidas como buenas.

No podemos ser buenos si damos frutos de odio, robo, avaricia, mentira, chantaje extorción, pereza, crimen, droga, alcoholismo, injusticia.

Debemos esmerarnos, pues en dar frutos buenos de unión. En nuestros ambientes, es urgente un clima de verdadera fraternidad y entendimiento. Que de verdad, primero sea el país, antes que las apetencias personales.

No podemos seguir perdiendo más tiempo en tantas desavenencias internas, mezquinas y estériles. Ya nuestros pobres no pueden esperar más. No se puede seguir discutiendo interminablemente ante tantos barrios miserables, ante el desempleo, ante tantos servicios deficientes. Tenemos un potencial inmenso, material y humano, que debemos desarrollar  para hacerlo prosperidad real. Mientras tanto, todo lo demás será demagogia. Queremos hechos, obras, transformación económica y social.

Demos frutos con honradez, constancia, disciplina, organización. En fin demos fruto de una fe sincera que se manifieste en obras.

Una vez más, Jesús Nuestro Maestro, nos sigue diciendo “Por los frutos los conocerás”.

 

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