Arquidiocesana: Amor cristiano

“Maestro ¿Cuál es el Mandamiento principal de la ley? Él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. El segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 22, 36- 39).

La Sagrada Escritura, nos dice, que Dios es amor. Y Jesucristo nos invita a amarnos los unos a los otros. No obstante, hasta llegar a esa cima el ser humano debe purificar las concepciones deformadas o equivocadas del amor. La palabra amor, puede designar diversidad de enfoques, unos acertados y otros falseados.

Ese amor puede significar impulso espiritual, o pasión en sentido positivo. Existe amor entre los padres, a los hijos, al prójimo, entre esposos, a la patria, a Dios, es esa una gama infinita. En todo esto puede existir una apreciación recta, sincera y correcta del amor, como también una concepción algunas veces falsa y pecaminosa. Pero el hombre bíblico, poco abstracto, sabe bien el valor de la afectividad: “más vale una ración de verduras con afecto, que buey cebado con odio” (Pr 15, 17).

¿Qué relación existe entre el amor de Dios y el amor de los seres humanos?.

Las religiones se esfuerzan cada una a su manera por responder a esta cuestión. A estas búsquedas, también responde la palabra de Dios; y nos dice que Dios ha tomado la iniciativa de un dialogo de amor con los hombres, y en nombre de este amor los invita a amarse unos a otros.

Dios manifiesta su amor, a través de la creación a Adán y Eva. Dios quiere darles vida en plenitud. No obstante, este don implica una libre aceptación de esa voluntad divina.

Adán la rechaza.

Entonces el misterio de la bondad de Dios, se convierte en misericordia, frente a Adán y su descendencia, en promesas de salvación.

Dios al llamar a Abraham, un pagano entre tantos, lo invita a ser su amigo: “…Jacob, a quien yo elegí raza de Abraham, mi amigo” (Ls 41,8) Moisés, también elegido se siente desgarrado entre Dios, cuyo enviado es, y su pueblo al que representa.

Pero es la intimidad con Dios lo que lo hace fiel; también es amigo de Dios.

Los profetas, confidentes de Dios, son amados por él; ese seguir a Dios, a veces los hiere internamente, pero muchas veces los llena de gozo profundo. Ellos son testigos del amor y de la ira Divina (Am 3, 2)

El Deuteronomio, que es promulgado en un momento de opción de amor por Yavhé, recuerda a aquel pueblo que Dios lo amó primero y que lo debe amar con todo el corazón.

Este amor se debe expresar en gestos de adoración y obediencia. (Dt 11, 13)

En el Nuevo Testamento, el amor Divino, se expresa en un hecho excepcional, es Jesús quien viene a vivir como Dios y como hombre, Él es el drama y la realidad del dialogo de amor, entre Dios y el hombre.

“Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo unigénito” (Jn 3,16). Jesús, realiza el dialogo filial con Dios.

Jesús es Dios que viene a vivir en plena humanidad, su amor, y hacer escuchar su amoroso llamamiento. En su persona, el hombre ama a Dios y Dios ama al hombre.

Amar a Jesucristo, es guardar íntegramente su Palabra (Jn 14, 15)

En el evangelio se enseña que ese amor, se acepta o se rechaza, y que por tanto no existe neutralidad en él (Jn 6,60ss) Jesús en la cruz manifiesta, su amor total. Se trata del escándalo de la Cruz, que no es otro, que el escándalo del amor.

El amor entre Dios y el hombre tiene finalmente por fuente el amor eterno del Padre y del Hijo, que es también el amor del Espíritu (2Co 13, 13). En una palabra el amor eterno de la Trinidad. De un extremo al otro del Nuevo Testamento, el amor del prójimo aparece indisociable del amor de Dios.

Los dos Mandamientos son la clave de la Ley; es ese el compendio de toda exigencia moral (Ga 5,22): Es el Mandamiento único (1Jn 15,12) Llegar a concretar ese amor cristiano, no es sencillo, pero quien lo logre vive.

El odio, o el temor, nos mata. Muchas veces nos empeñamos en estos, dejamos de ser felices y nos destruimos.

Vivimos en una sociedad, que a pesar de hablarse tanto de amor, no se ama. El amor, a veces, es sólo manipulación erótica. Porque falta, el amor verdadero en el hogar, y éste se destruye. Porque olvidamos ese amor real, existe: hambre, crímenes y guerras.

Es necesario creer en el amor auténtico, que construye y no daña. Amar no siempre es complacer.

Creamos en el amor y que sea él la fuerza más poderosa en nuestra sociedad.

Recordemos que el amor es comunión. Por ello el Apóstol San Juan nos recuerda: “Quien ha amado, ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. (Jn 4,7).

Mons. Antonio José

López Castillo

Arzobispo de Barquisimeto

Evangelio

Mateo (22,34-40): En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Él le dijo: «”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesus.

SS Francisco

El Papa denuncia el trabajo “en negro” y precario que humilla y mata a las personas VATICANO, 26 Oct. 17 / 04:39 am (ACI).- El Papa Francisco recordó que “sin trabajo no hay dignidad”, pero también señaló que existen trabajos indignos para las personas.

En su opinión, “el trabajo ‘en negro’ también ofende la dignidad de los trabajadores, al igual que los trabajos que discriminan a la mujer y eso sin hablar de los trabajadores que padecen una discapacidad”.

El Papa invitó a servir a los más necesitados y que nada “se anteponga al bien de la persona”.

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