Fe, pero con obras

Mons. Antonio José López Castillo Arzobispo de Barquisimeto |

La inconstancia

Muchas veces, nos entusiasmamos por algún texto bíblico o sentimos un gozo inmenso después de un retiro o de un curso de espiritualidad, o bien nos conmueve una prédica o una historia de fe. Pero nos falta perseverancia en esa dirección, a fin de seguir profundizando en aquella vivencia; o no tenemos la decisión suficiente para profundizar y vincular esa fe con nuestra vida diaria. Es más, a veces basta una opinión contraria y ya nos desanimamos y hasta cedemos en nuestros principios; aquel contratiempo es la justificación para volver a vivir sin fe, sin entusiasmo, sin Dios.

Puede suceder que de pronto aparezca una enfermedad y entonces ya Dios es malo, porque me hace sufrir y por lo tanto no debe existir. Puede darse, además, que de pronto no coincidamos con la opinión del sacerdote sobre alguna temática, y ya eso es suficiente para no rezar, ni ir más al templo, ni creer en Dios. Eso no es entender bien la fe. Todo eso es superficialidad.

También puede pasar que leer la Biblia  o pertenecer a un apostolado, o estudiar la religión o enseñarla, nos exige algún sacrificio y un poco de nuestro tiempo, pero al cabo de algunos meses nos cansamos y se acabó todo porque es más fácil decir soy católico sin esfuerzos y además añadir no soy como esos fariseos que se la pasan rezando y dándose golpes de pecho; y decir también solo cuando asistimos por cumplir a los templos: “Yo no soy como esos fariseos y escribas que se quedan afuera en sus chinchorros dándose golpes de pecho sin hacer nada”; y, en fin unos y otros, se creen supercatólicos sin hacer nada, sin perseverar en su fe. Tampoco es así.

 

Solo riquezas

Continúa diciendo el Señor: “lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas, lo ahogan y se queda estéril”.

Todos estamos conscientes de la importancia del trabajo por oposición a la pereza; pero muchas veces quizás por la falta de una motivación profunda de fe, decimos que no tenemos tiempo para rezar, para leer la Biblia, ni para asistir a la misa dominical porque “estamos muy ocupados”, “es el trabajo”, “son los negocios”, y argumentamos aún más “si no trabajo no como, y tampoco mi familia”. Lo más simpático es que una cosa no quita la otra. Aunque muchas veces si tenemos tiempo para otras cosas. Por el contrario, la fe práctica, la Santa Misa, el hacer obras buenas, es una invitación al trabajo, al espíritu empresarial. Lo que pasa a veces es que, poco a poco, nos vamos enfriando y nos va invadiendo el materialismo, la comodidad, el desgano, la rutina, la codicia y llegamos a pensar que no tenemos tiempo para más nada, ni para Dios ni para el prójimo, sino para aquello que nos produce dinero.

Ahora bien, ¿de qué sirve ganar el mundo entero, si no tenemos paz con Dios, ni con nosotros mismos, ni tenemos paz en la familia, ni tenemos sensibilidad social? ¿De qué le sirve a tantos tener solo dinero, si no tienen el cariño de su esposa , ni la amistad de sus hijos, ni el respeto y aprecio de los que lo conocen? No olvidemos que el dinero hace falta, pero no es lo único y, además tiene un sentido social y es un instrumento que tiene que ver, para bien o para mal, con nuestra salvación eterna. El pan es necesario pero recordemos que no solo de pan vive el hombre; no debemos dejarnos ahogar con las drogas, la usura, la codicia, o el dinero por el dinero. La vida es integralidad. La fe da el verdadero sentido al dinero. Y el dinero puede ser un elemento importante para crear una infraestructura social que fortalezca la fe.

 

Fe con obras

El Señor insiste: “lo sembrado en tierra buena significa, el que escucha la palabra y la entiende, ese dará frutos”.

Tratemos sin creernos perfectos, pero sí con buena voluntad práctica, activa, de escuchar y llevar a obras esa Palabra, en frutos de justicia, verdad, laboriosidad, honradez, oración, caridad, solidaridad, amistad, porque el que practica y muestra con sus obras la fe, ese ha cumplido la ley.

No debemos ser mezquinos para con Dios, no es dar las migajas sino dar conforme a lo que tenemos, ya que es mejor dar que pedir; sabiendo que solo somos administradores de los bienes que Dios nos ha dado. No es cuestión de aparecer, sino de ayudar sustancialmente a la Iglesia y a la sociedad. Por eso lo que cuenta es la fe con obras ante Dios.

 

Comentarios

Comentarios