Barquisimeto, la ciudad de los crepúsculos

Juan Raad Alvarez |

Barquisimeto, ciudad que amo como propia, es una ciudad ubicada en el punto del Centroccidente del país, conocida como punto de caminos y de encuentro, ubicada en una inmensa meseta perfilada por un histórico río color ceniza y su valle del Turbio, en un territorio amplio y abierto, con la historia de su gente que es también amplia y abierta.

Fue fundada en 1552 por el español Juan de Villegas y construida gracias a los delirios de Lope de Aguirre, que desde sus alrededores hacia el occidente avanzó su calendario fundacional, desde 1545, de El Tocuyo, y el suyo, 1552, hasta 1567, cuando se estableció la capital y ella fue creciendo y transformándose ese Barquisimeto en una gran urbe, construida sobre una meseta que llega a esta ciudad consecuente de su topografía y reconocida por la nacionalidad de sus calles y avenidas, una vez Campo Elías, ahora calle 38, la Ayacucho, hoy la 18, antes Comercio y Libertador, hoy 19 y 20, la Miranda ahora 21.

Por esas calles históricas anduvo y se dejó oír la gran orquesta Mavare y el maestro Antonio Carrillo con la extraordinaria pieza Como llora una Estrella, y por esas calles ha caminado la histórica fe junto a nuestra venerada madre celestial la Divina Pastora. En el Teatro Juares se consolidó una cultura teatral y musical, mientras que en sus calles nos encontramos un espacio jovial para las diversas tertulias que dialogan sobre la tradición y el porvenir de Venezuela en medio de sus pórticos centenarios y junto a las nuevas arquitecturas que desafían con una vertical en una extensión abierto al infinito.

En esta ciudad han brillado las letras de nuestros grandes escritores con las plumas de Julio y Salvador Garmendia y Rafael Cadenas; ha sido la tierra de músicos como los de la clásica orquesta Mavare, el maestro Antonio Carrillo, Wonsiedler y el joven director barquisimetano al frente hoy de la filarmónica de los Ángeles en los Estados Unidos, Gustavo Dudamel. En las artes plásticas un polifacético pintor y escritor como lo es Esteban Castillo y ni qué decir del maestro Villalón, quien con su mágico talento en un lienzo plasma la belleza de los diversos paisajes de Barquisimeto.

La sólida tradición cultural de esta ciudad se profundiza en sus colegios La Salle, la Inmaculada Concepción y liceos como el Lisandro Alvarado y el Mario Briceño Iragorry, forjadores hoy día de importantes profesionales, además de universidades como la UCLA, la Fermín Toro y el Politécnico.

Pocos saben que en esta pujante ciudad hace muchísimos años se hacía cine, de la mano de Amábilis Cordero, un personaje barquisimetano que nunca estuvo en Hollywood pero llevó a cabo una extensa producción cinematográfica, en la que se destacaron dos películas sobre la Divina Pastora: La cruz de un ángel, en 1928, y La tragedia de la escuela Wonsiedler (nombre de un destacado educador venezolano).

He querido rememorar estos aspectos bajo el prisma de la ética y de los valores con el conocimiento del pasado para conocer nuestro futuro. Barquisimeto arriba a sus 465 años de fundada, poblada fundamentalmente por gente generosa, cordial, solidaria, orgullosa de su pasado y de su multiétnico origen que socioculturalmente nos arropa como ciudadanos, a barquisimetanos y barquisimetidos, partícipes todos de una historia con un pasado glorioso, transitando con fe y buscando siempre un mejor porvenir no solo para mi querida Ciudad sino también para este convulsionado país.
Felicidades, Barquisimeto.

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