#COLUMNA Rueda el Balón 20-08-18

Fabio Eduardo Pabón | Fotografía: Archivo |

Deportivo Lara, como integridad futbolística, es decir, jugadores, técnicos y directivos, dejaron claro que la Copa Venezuela es un torneo que no les interesa para nada, es una competencia sin atractivo ninguno y ni siquiera merece cumplir con las formalidades mínimas. Esa es la imagen que se desprende de las dos actuaciones, visitante y local, dentro de la llave que le correspondió en suerte frente a Yaracuy de San Felipe.

Los dos choques se perdieron en medio de una desidia de lástima y sin reflejar ninguna emoción como no sea la complacencia de cumplir con el calendario por pura obligación y evitar cualquier sanción. El juego de vuelta de la llave se cumplió el pasado miércoles en el estadio Metropolitano, cayeron 1 por 2 después de perder 3 por 1 en San Felipe, ocho días antes, se entiende que el equipo quedó fuera de la Copa. La preocupación no es por la derrota en si misma sino por la forma y manera como perdió: sin ninguna cuota de profesionalidad, lo cual es una falta grave que lesiona la ética, si tomamos en cuenta que la entidad deportiva en su integridad participa en un torneo oficial de la “Liga PROFESIONAL (mayúsculas nuestras) de Primera División del Campeonato Nacional”.

Profesionalidad se define como el ejercicio de una actividad con capacidad y eficacia, en este caso la actividad de jugar al fútbol, atributos que no exhibió el cuadro local en la presentación mencionada. Ganar, empatar o perder es parte sustancial de un partido de fútbol pero es necesario evaluar cualquier resultado a la luz de las categorías para no repetir los errores y, en todo caso, enmendarlos. Y si un equipo gana, empata o pierde sin aportar amor propio, sin cuidado de las formas y sin mostrar interés por ningún resultado, la entidad como tal y la divisa en su condición, deben revisarse con urgencia, sugerimos, claro está, por la vertiginosa dinámica de un torneo de fútbol.

La presentación defectuosa y limitada de Deportivo Lara no le resta mérito al triunfo de Yaracuy, conjunto juvenil que hizo sus deberes y cumplió con sus obligaciones para alcanzar un triunfo que los dejó sin discusiones en la siguiente ronda de la Copa. Ahora, nos gustaría marcar una diferencia entre un torneo y otro, mejor dicho, entre la Copa Venezuela y el torneo clausura de la temporada, el cual se encuentra en movimiento y nos gustaría pensar(siempre en futuro hipotético) que son dos actuaciones diferentes que requieren actitudes diferentes y que la integridad de la institución tiene definidas esa intenciones y prioridades, es decir, enfocar todas sus fuerzas, esperanzas e ilusiones en el torneo clausura, donde ocupa una de las casillas de vanguardia cuando van disputadas cuatro fechas de diecisiete pautadas para ingresar al octogonal de las llaves.

Veremos cómo evoluciona el diseño estructural del equipo en las futura e inmediatas presentaciones las cuales, hasta el momento, presentan un balance positivo con dos triunfos y dos empates en las cuatro salidas para ocho puntos que lo ubica a uno de diferencia del líder. Se puede pensar que todo el esfuerzo tiene la dirección de las llaves del octogonal, el título del torneo y el titulo nacional, ahora sin la preocupación de los compromisos de la Copa Venezuela, lo cual no justifica en nada la penumbra y oscuridad ante los juveniles de Yaracuy.

Algunas consideraciones

Dura labor tiene a futuro inmediato la dirección técnica del cuadro local para encontrarle la direccionalidad a las intenciones esquemáticas que desea diseñar. Hoy Deportivo Lara no se parece en nada al equipo que jugó y participó en la Copa Libertadores, no tiene el desdoblamiento veloz y rítmico desde su zona de retaguardia hacia la media cancha y de allí a la zona ofensiva. Desdoblamiento que le permitió sorprender a equipos con mayor capacidad de respuesta ante cualquier cambio de velocidad.

Es un equipo nuevo con jugadores nuevos que intentan (todavía andan en ese intento) acoplarse a las indicaciones y a las exigencias de la dirección técnica, mientras tanto los “antiguos” tratan de acomodarse a los nuevos estilos de correr la cancha y aparecer en los espacios vacios. Ese nuevo condicionamiento y ese nuevo acople requiere tiempo y voluntad para el ajuste. Frente a Zamora se impuso la buena voluntad y casi un fervoroso empeño ante un cuadro difícil, se ganó un partido cuyos dividendos se podrán calibrar en el futuro. El empeño y la voluntad lograron equilibrar un juego, donde pesaba la jerarquía del campeón y así se capitalizaron los errores del rival.

Lara le restó superioridad a Zamora y lo redujo a los espacios, donde Lara impuso su experiencia y veteranía. Frente a Deportivo Táchira, un equipo muy vulnerable en nuestra opinión, Lara se olvidó de la voluntad y el empeño como factores de desequilibrio y se preocupó por la pureza técnica, por el toque exacto, por la habilitación en profundidad, por el control y la distribución de su producción futbolera y terminó expuesto porque la etapa superior del acople de unos y el acomodo de otros es la comprensión colectiva y eso significa el dominio de los contenidos estructurales y coyunturales que en las practicas de entre semana la dirección técnica les solicita de forma repetitiva.

La pureza técnica se vio limitada, el toque exacto terminó dividido, la habilitación en profundidad en pelotazo inocuo, el control ineficiente y la distribución ineficaz, apareció la inseguridad y Táchira se llevó un empate inmerecido porque Lara no pudo superar la fragilidad defensiva del rival y desistió del intento. Hoy juega en Caracas frente a Deportivo La Guaira. Veremos.

Ferretería Cataldo

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