Del Guaire al Turbio Ante una tumba doble

Hoy es 5 de marzo de 2014, Miércoles de Ceniza, me voy a remontar a 61 años atrás: al 5 de marzo de 1953. Bajé lista para ir a mi trabajo en la Dirección de Urbanismo del Ministerio de Obras Públicas (MOP). En el recibo, papá, envuelto en su bata mañanera, leía el periódico, le pregunté: ¿Ya murió Stalin? Contestó: “Creo que sí, pero deben estar preparando al pueblo”. No imaginé… Al poco rato de llegar a la oficina me llamaron: papá había sufrido un colapso. Una amiga había salido a buscarme. Lo encontré atravesado en la cama, con su bata cuyo estampado no olvido, sin vida. Para mí, aquellas fueron las últimas palabras. Al día siguiente, la muerte de Joseph Stalin era el titular a todo lo ancho de la primera página de El Nacional y abajo, a la izquierda, un retrato de papá con la noticia luctuosa sobre el presidente de la Academia Nacional de la Historia, cargo que ejercía en su tercer período consecutivo. Allí lo visitaban algunos comunistas para conversar y él les decía que no le caía mal Stalin porque se le parecía al general Gómez.

Cinco años después lo comprobé. Fui a Moscú a un congreso internacional de arquitectos como delegada del MOP gracias Andrés Sucre -ministro de Obras Públicas de la transición después de la caída de Pérez Jiménez. Junto a turistas, curiosos y mucho pueblo ruso, hice hora y media de cola para entrar a la tumba de Lenin y Stalin. A esa gente le habían quitado a Dios, pero iban a adorar a dos cadáveres. Se baja caminando en U para pasar ante los féretros y salir. Hermoso el mármol de las paredes, brillaban sus diminutos granos como mariposas azules. Entré rezando el credo repitiéndolo hasta la salida. En perfecto embalsamado, el dúo de tiranos dormía el sueño eterno, ¿con la pesadilla de sus crímenes? Me detuve unos segundos ante Stalin y le solté en silencio: papá está en el cielo, ¡quién sabe dónde estarás tú! Años después desalojaron a este inquilino. El mundo y el pueblo ruso conocieron la verdad: la matanza por los asesinatos y la hambruna provocados por él tuvo más del doble de víctimas el que terrible holocausto de Hitler.

El año pasado, 60º aniversario de las muertes reseñadas, inventaron el deceso del ilegítimo, causante de todos los males que sufre hoy nuestro país. ¿Quisieron igualarlo al camarada “Padrecito”? Porque a ciencia cierta no se sabe el cuándo y el dónde. Ni conocemos el lugar de descanso de sus restos –si es que pueden descansar- manipulado, como estuvo, agonizante y muerto, por mezquinos intereses políticos. Hasta su indigno, írrito e incapaz sucesor lo transformó en pajarito. ¡Qué caterva de sinvergüenzas! Tal vez el difunto está como rehén en manos de los fósiles de la isla para sacarlo cuando se vean en apuros. Sobreviven aún gracias al chorro de petróleo nuestro .

Quiera Dios que el presente entierre pronto al pasado. Hoy, Miércoles de Ceniza, nos ponen en la frente las cruz de ésta y el sacerdote nos dice: “Polvo eres y en polvo de convertirás”. Hacia ese polvo vamos, incluso los mejores embalsamados, ¡todo se acaba! Comienza la Cuaresma, tiempo de penitencia pero también de alegría y paz porque iniciamos el camino hacia la Resurrección. Sin el sufrimiento de la cruz, no llegamos a la Pascua. El dolor es redentor. Venezuela ha padecido mucho en estos días, sobre todo en su juventud heroica y tenaz. Hemos estado viviendo una cuaresma, pero ya vamos llegando a la luminosa felicidad pascual.

El recuerdo de la tumba doble es una anécdota más. Pasó la gloria de aquel culto sin Dios. Ni Lenin ni Stalin tienen vigencia ya. Dios sí, ¡siempre!

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