Del Guaire al Turbio – No bordes un mantel

Alicia Álamo Bartolomé |

Uno de los defectos que podemos tener las personas de la tercera edad o de la cuarta, si se sigue prolongando la vida, es soñar en vano, como si se tuviera mucho tiempo por delante. Creo que hay que afrontar la realidad: el tiempo en esta tierra se nos acaba y no hay que llorar por eso. Al contrario, debemos mirar con ansia nuestro único futuro… ¡la eternidad! Entonces vamos a vivir con plenitud ese resto de vida que nos queda, como el día, que cuando ya va a morir, ¡resplandece en la maravilla de los fuegos del crepúsculo!

Es verdad, nuestro cuerpo se ha convertido en una miseria, se fueron la fuerza, la belleza, la gallardía, los cartílagos de las articulaciones. Caminamos vacilantes apoyados en la tercera pierna, nos cuesta inclinarnos, voltearnos, todo duele y dicen que, si no nos doliera nada, es porque ya estamos muertos. Pero estamos vivos y achacosos, eso es todo.

Sin embargo, el alma está intacta, ella no envejece… si no la envejecemos con nuestras lamentaciones. Las quejas arrugan.
Para mantener el alma joven, no es solo condición indispensable dejarnos del ¡ay!, sobre todo cuando tenemos auditores y buscamos su compasión
-mala praxis-, sino trazarnos un plan de actividades factibles y racionales para nuestra condición. No esos sueños vanos, como ya dije, sino sueños realizables. Ya no es que quiero navegar el Rin, subir al Himalaya, tener un yate y una casa en la playa o que todos mis hijos y mi nietos pasen los domingos conmigo. Sueños vanos, vanos sueños. A menos que queramos empezar una obra para la posteridad a conciencia de que no la veremos terminada sino que la concluirán otros.

Vamos a la concreta pequeñez de lo que podemos hacer con ilusión y verlo culminado. ¿Qué tal los trabajos manuales, para los no intelectuales? ¿Y qué tal escribir para los que sí lo son? ¿O las dos cosas para los ambidextros o polifacéticos? ¿Para dar un vuelco a lo que fue oficio?
Por más torpes que tengamos los dedos, alguna mínima habilidad son capaces de desarrollar, así sea pegar recortes de periódicos en álbum, que representen un tema de interés para alguien a quien podemos ayudar con esto. Aquellos hobbies que no pudimos realizar cuando el trabajo de la juventud y madurez nos absorbía, ahora se retoman y florecen. ¿A cuántos hombres –e incluso mujeres- no les interesó alguna vez la jardinería, la mecánica, la carpintería, la pintura, la escultura…? ¿ Y a cuántas mujeres, sobre todo, la costura, el bordado, el tejido…? No es tarde para sembrar una mata, coger un serrucho o una aguja. Eso sí, metas cortas.

No sueñes con construir un trasatlántico, sino un barquito de papel y lo verás navegar. El papagayo arrastrando sus colores en el viento, mientras tus dedos nudosos tiemplan el hilo, te remplaza el goce imposible de manejar un avión. La planta de rosas crecerá más rápido que un roble y verás con alegría la gloria de sus flores y aspirarás su aroma. No busques grandezas inalcanzables, ve tras la pequeñez amable que cabe en tu tiempo. Escribe un cuento, un poema, una carta… Reza, encuéntrate a diario con Dios, ve caminando con Él hacia Él.
¡Ah…! Y no bordes un mantel… si acaso una servilleta.

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