Dictamen – 30 millones de rehenes

José Ignacio Guédez |

Quizás el desgarrador caso de los niños retenidos en el aeropuerto de Maiquetía (Caracas), a los cuales la dictadura le impidió viajar para encontrarse con sus familiares residenciados en Perú, sirva para entender la realidad que vivimos todos los venezolanos sin excepción. El régimen usó a niños como rehenes para perpetuar una venganza política contra un dirigente opositor. Pero esa práctica no es nueva y atenta contra toda la población, lo que pasa es que la hemos subestimado dejando pasar abusos creyendo que se trata de persecución selectiva cuando realmente estamos en presencia de una política criminal de Estado.

Primero fue el precedente totalmente inadvertido de condicionar la salida del país a tener una tarjeta de crédito para tramitar un cupo de divisas de aprobación exclusiva y arbitraria por parte del Gobierno. Y no se trató de un beneficio como incautamente pudo interpretarse, ya que la prohibición legal de comprar libremente dólares o cualquier moneda extranjera hacía de ese requisito una limitación legal concreta al derecho al libre tránsito para salir del país. Para viajar había que armar unas carpetas y luego al retornar había que rendir cuenta del uso de las divisas obtenidas.

Luego del éxito de ese experimento de control, vino la práctica de limitar la emisión y renovación del documento del pasaporte a los venezolanos. Posiblemente esto comenzó como una manera de limitar indirectamente el cupo de divisa subsidiada para los viajeros al exterior que luego fue eliminado formalmente, pero al final quedó instaurado como una forma de sometimiento. Hoy cientos de miles de venezolanos están presos en Venezuela o en cualquier país del mundo por no tener un pasaporte vigente que le permita viajar. No contentos con eso, comenzaron a anular arbitrariamente pasaportes vigentes impidiéndole a otros tantos compatriotas salir del país. Primero fueron políticos, pero luego la lista fue alimentándose con empresarios, periodistas y todo tipo de ciudadanos al que se le retenía en el aeropuerto dicho documento sin proceso legal ni trámite formal.

El caso es que en la actualidad tener pasaporte no es ya un derecho sino un privilegio que maneja a discreción la dictadura de Maduro. Por eso es que no extraña que comience a pasar lo mismo con los permisos de menores o cualquier otro documento público que dependa de las instituciones del Estado hoy secuestradas. La consecuencia es que todos somos rehenes de la dictadura, y ya no solo los presos políticos, sino todos los venezolanos que por falta de documentación no pueden salir o regresar de Venezuela. Y los que pueden saben que están sujeto a cualquier arbitrariedad en cualquier momento.

Lo triste es que como sociedad nos vamos acostumbrando a estas cosas que se instauran paulatinamente para pasar inadvertidas hasta que son irreversibles. Creemos que se trata de dramas personales y ya con muy poca capacidad de empatía cada quien se dedica a su propio problema y hasta nos dividimos con posturas cosméticas que obvian el verdadero dilema. Y es que todos somos victimas de la misma dictadura, todos somos presos políticos potenciales, todos somos rehenes, estemos donde estemos. De hecho, este tema como tantos otros no se debaten en República Dominicana, creyendo que el problema es lo electoral y no la dictadura y la falta absoluta de un Estado de Derecho mínimo. Podrá llegar el día en que por orden constituyente los bienes de los exiliados queden expropiados y los viajeros que obtengan el permiso para salir no puedan ni llevarse joyas puestas. Nada que no haya pasado antes en regímenes similares.

La diaspora venezolana hoy tampoco puede votar en una eventual elección presidencial simplemente porque cerraron hace años esa posibilidad. Solo el 5% de la emigración venezolana pudiera ejercer su derecho al voto hoy. Se trata de un pueblo separado y acosado, al que le han ido quitando sus derechos más básicos, hasta ver a decenas de niños llorando en un aeropuerto y entender la magnitud del drama. El Estado y no los padres será quien decida donde van a vivir esos niños. Lo único que queda claro que debemos unirnos como nación y seguir luchando por la libertad.
Caso cerrado, el dictamen final lo tiene usted.
José Ignacio Guédez
Twitter: @chatoguedez

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