Editorial: ¡A votar!

Si bien es probable que este domingo la voluntad popular sea burlada por un árbitro descaradamente parcializado, está comprobado que es la abstención el terreno que más le conviene al oficialismo para imponer su fórmula y barrer toda expresión opositora.

En esencia, la opción de tirar la toalla y no acudir a los centros de votación le hace el juego a los factores de poder que atizan el desencanto, la frustración, el convencimiento generalizado de que nada se puede hacer frente al abuso.

La institución del voto ha sido herida de muerte, es cierto, pero en la práctica le sirve a una minoría organizada. En consecuencia, lo correcto, lo valiente, lo efectivo, es pujar para romper esa perversa maquinación. Ahí radica una de las más firmes modalidades de resistencia.

Votar es expresarse y eso vale, así tal testimonio sea desconocido en su momento: el elector habrá cumplido un deber ético y, además, la credibilidad de quien obra con fraude quedará resentida, afectará de una u otra forma su legitimidad.

Fue una farsa electoral, en diciembre de 1957, lo que selló la caída, apenas unas semanas después, del dictador Marcos Pérez Jiménez. “Los fraudes parecen inyectarle energía a quienes están dispuestos a enfrentarse al Gobierno”, observa el historiador Tomás Straka.

De manera que más se pierde quedándonos en nuestras casas, sumidos en una estéril indiferencia. En fin de cuentas, la abstención sí decide, la abstención sí inclina la balanza, con frecuencia a favor de lo que se detesta.

Hoy se escogerá a los alcaldes. En las últimas semanas se ha observado una propensión al sufragio mayor que la existente cuando se produjo el brutal deslave que arrasó con la MUD, tras los comicios regionales del 15 de octubre.

Fue el cálculo derivado de esa coyuntura lo que aprovechó el Gobierno, con su CNE, para disponer una consulta a la cual tantas veces le había dado largas.

Los partidos políticos no lograron sostener la unidad; unos decidieron no participar, mientras otros sí lo están haciendo.

La lucha, pues, queda entera en manos del ciudadano común. El espíritu de la rebelión se debate en la conciencia de cada quien.

Es, entonces, cuando la expresión de una opinión refuerza su auge, y asume un papel mucho más trascendente.

Votar, hoy, es el acto más personal, auténtico y espontáneo de emitir una opinión, un juicio. No dejes de hacerlo. Es más cruel el arrepentimiento que nace de un resultado indeseado, frente al cual nada se hizo.

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