Editorial: El caballero de la unidad

El caso Hugo Carvajal no es tema cerrado. La liberación del diplomático y ex director de inteligencia militar, luego de su detención en Aruba por petición de Washington que lo acusa de colaborar con el narcotráfico, provocó estupor en quienes todavía no entienden, cómo el principal argumento del Gobierno nacional se centró en defender su inmunidad pero jamás su inocencia.

Merece el pueblo honesto una mediana explicación. O sabe mucho o temieron que callara poco, porque hasta el propio Presidente de la República puso un pie en el avión, dispuesto a buscarlo como si de la joya de la corona se tratara.

Pero el país está al revés y en esos reversos, temas como la ética, la moral y el buen sentido parecen perdidos.
Acababa el alcalde de Iribarren, Alfredo Ramos, de anunciar que la austeridad imponía sustituir la Feria Internacional de Barquisimeto por la Semana de Barquisimeto, incorporando la Feria del Asfalto, cuando, acto seguido, preguntó las razones el ministro de Turismo.

El alcalde dio las suyas pero el funcionario nacional, con mucho orgullo y nada de humildad, le dijo que recursos habría pero para Corpolara, tanto si quieren asfalto como si organizan fiesta. Es decir, además de admitir que la gobernación (y ahora alcaldía paralela), dígase Corpolara, tendrá los recursos para cualquier antojo, quieren poner a bailar a juro a la ciudad, cuando quienes aquí votan y deciden, aceptaron las razones para cambiar el sarao por obras y una razonable celebración. Pero nada, la idea es decir que la revolución regaló asfalto por su cuenta y riesgo (cuando la gestión oficial pasada dejó huecos como pesares) y hasta no faltará quien ordene vía Caracas, decretar jolgorio, cosa de compartir el amanecer en la cola del papel, de la harina y del jabón, bailando hasta rabiar.

Pero la alegría no se decreta y razones sobran para la tristeza sin distingo de clase social. Por un lado la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (Iata) advierte sobre el riesgo del país de quedar aislado porque el Gobierno le debe a las líneas la pasmosa cifra de 4.100 millones de dólares… (claro, para los funcionarios sin visa ya volar no será necesidad). Por otro, Polar anuncia que el venezolano podría quedar sin su pan tradicional. Sin ese invento maravilloso de la culinaria nacional, a la familia le faltará su arepa de siempre como ya le falta su libertad de escoger. Hacer cola en cualquier madrugada venezolana, es a riesgo. “No lo sé; para ver qué hay”, responde el ciudadano con rostro de no haber dormido, a las puertas de cualquier local “de artículos de primera necesidad”, cuando alguien pasa y le pregunta, justamente, qué hay.

Unos se resignan. Otros se quejan. Hay quien hace rato hizo sus maletas y otros, en especial los jóvenes, aguardan en esa ventana llamada futuro el cambio esperado.

Pero hay muchos que luchan y, con su ejemplo, devuelven la esperanza a un país que a ratos se siente perdido. Hombres como Ramón Guillermo Aveledo, venezolano y ciudadano cabal, quien se puso al frente del proyecto de la Mesa de la Unidad Democrática, para demostrarle al país que sí era posible un cambio. Y lo logró. Ante el discurso de los pesimistas, recordar el caudal de votos de la oposición en las últimas presidenciales, las alcaldías y gobernaciones conquistadas en las regionales y esa sensación de nación aferrada a un auténtico ideal. Que la crisis venció a opositores y oficialistas es otra realidad.

En este contexto, Aveledo, secretario ejecutivo de la MUD desde el año 2009 y hasta su reciente renuncia, tuvo un mérito indiscutible: jamás fue su batalla una lucha por el poder. A un lado dejó aspiraciones personales por servir al anhelo de la unidad democrática.

Deja un cargo pero no perdemos a un líder. Él mismo lo ha dicho: “No me voy de la Unidad, solamente cambio mi puesto de lucha”. Y mantendrá su palabra, porque ante el caos, necesita el país hombres y mujeres de virtudes, quienes, con decencia, humildad y honestidad, hagan ver que sí vale la pena seguir en Venezuela. A Aveledo, gracias porque nadie como él supo ser el caballero de la Unidad.

 

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