#EDITORIAL Hartazgo

En la nota Editorial posterior a las elecciones regionales, titulamos con un petitorio: “Más coherencia, por favor”.

Decíamos, en esa ocasión, que “un puñado de partidos no puede ir, de error en error, sepultando la esperanza de todos en la búsqueda de una salida de este interminable, sórdido y mortal túnel”.

Criticábamos que la MUD, o cuanto queda de ella, hubiese dejado al garete a partidos y “dirigentes”, en medio de “una sarta ininteligible, cual Torre de Babel, de posiciones aparentemente espontáneas, en solitario, y de continuo contradictorias”.

Pues bien, la experiencia se repitió, con peores ribetes de incongruencia, unas semanas después, en las municipales. Ahí están los resultados, que más deplorables no podrían ser. Y ni después del 15 de octubre, ni ahora, se ha producido el análisis pertinente, la búsqueda de explicaciones a la frustración que llevó a abstenerse a una inmensa mayoría de ciudadanos. Una palabra, ésa sí, podría definir, ahora, el estado de ánimo colectivo: ¡Hartazgo!

El país está harto de los desafueros del Gobierno, sumido en la impotencia que lo aplasta, arrollado por un pavoroso cuadro económico y social; pero, asimismo, cansado de las torpezas e inconsecuencias de los llamados “factores democráticos”.

Desde lejos, se ven las costuras de la ambición personalista. El ego desbordado de figurones fatuos, presumidos, quienes se creen unos iluminados capaces de flotar por encima de la esperanza y el destino del resto de los mortales. Ha quedado en evidencia el cálculo mezquino, que envenenó la unidad y no permite abrazar ninguna causa, ni estrategia, si ella no asegura, a cambio, un jugoso rédito político. Es algo que la gente, intuitiva, observa con incontenible repulsa; por eso opta por castigar a todos por igual, a la espera de una rectificación.

En esa espesa sensación de naufragio cerramos el año. Una Navidad estrecha, silente y opaca, envuelve el ambiente de hogares abatidos por la crisis, mientras, por ejemplo, Brasil y Argentina superan la recesión, y Perú crecerá 3,8 % ¿Qué nos podría deparar 2018? Los vaticinios son ciertamente inquietantes. En el umbral de un default (impago de la deuda externa), con una moneda volatizada, el FMI pronostica una contracción económica de más de 10 % y una inflación de 2.349,3 %

El próximo año debe haber elecciones presidenciales y si las cosas siguen como van, pese a todos los cataclismos económicos y sociales, los irracionales dictados de la política, que al parecer marcha por caminos distintos, podrían depararnos la más grande de las turbaciones.

Con un CNE que es capaz de informar en boletín oficial que en los desiertos centros de votación del 10 de diciembre se expresaron más de nueve millones de electores, sin mínimas garantías de transparencia, un proceso electoral adelantado, como se pretende, sin MUD, ni tarjeta única, ni posibilidades claras de ir a unas primarias que respondan al espíritu unitario que aportó tantos triunfos en el pasado, la mesa estará servida para el zarpazo definitivo.

Hay tiempo de evitarlo, es verdad, pero no el suficiente como para malgastarlo en controversias bastardas.

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