#OPINIÓN El día “D”…espués

Carolina Jaimes Branger | Foto: Archivo/Referencial |

Escribo el jueves 17 de mayo en la noche. Como esta columna publica los lunes, siempre me toca fungir de pitonisa para imaginarme el “día siguiente de”.

Empiezo por solidarizarme una vez más con los presos del Helicoide, quienes al momento de redactar este artículo siguen en situación crítica, a merced de la mayor expresión de la malignidad. Si hubo un acto de justicia, lo consideraré un milagro.

Como un milagro también sería que hubiera ganado un candidato que no sea Nicolás Maduro. Si fue así, felicito al pueblo venezolano, porque puede volver a soñar con mejores realidades. Si sucedió lo peor -que el CNE haya proclamado a Maduro como presidente una vez más- los opositores tenemos que concretar una acción unitaria para enfrentar la pesadilla de hoy y la que se nos viene apartir de mañana. Lástima que no se concretó antes de las elecciones.

Confieso que no me imagino cuál pueda ser esta acción, porque los venezolanos hemos hecho de todo para salir del gobierno chavista. Hemos firmado, vuelto a firmar, marchado, vuelto a marchar, votado, vuelto a votar, protestado, vuelto a protestar, hemos pedido ayuda aquí, allá y más allá, dentro de un marco de conciencia democrática encomiable y sobre todo, de paz. La violencia, con contadas excepciones, siempre la ha puesto el gobierno.

Lo que sí queda claro es que no podemos ponernos creativos a inventar cada quien por su lado. De ahora en adelante, la unidad tiene que ser consigna y norte, para que apoyados en la comunidad internacional continúen las sanciones contra los personeros gubernamentales. Esa diplomacia coercitiva tendrá efecto más temprano que tarde, porque el tema de las sanciones es lo único que les preocupa. No el pueblo. Éste que se muera de hambre y de mengua.

Además, como me temo que Maduro insistirá en sus políticas (si se las puede llamar así) económicas, nos llevará a zanjas de una profundidad inimaginable: si se queda lo que viene es más inseguridad, más hambre, más escasez, más inflación, más falta de medicinas, de insumos hospitalarios, de electricidad, de agua, de gas, de transporte y añada todo lo que se le ocurra a la lista.

Tenemos que respirar profundo, prepararnos para lo peor y esperar lo mejor. Y por encima de todo, que la unidad no sólo sea nuestro lema, sino nuestro modo de actuar.

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios