#OPINIÓN Juegos peligrosos

Eduardo Iván González González | Foto: Archivo/Referencial |

Para recordar: “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.  Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses
3:20,21).

Hoy, en el fragor del Mundial de Fútbol Rusia 2018, han ganado equipos
inesperadamente, fallando los mejores pronósticos; aunque ya hay lesionados por faltas
graves, no deja de ser un deporte; rudo sí, pero no se puede tomar como un simple juego.

En la página web direncia-entre.com, señalan que la principal diferencia entre un
juego y un deporte, es que este último tiene una finalidad competitiva, mientras que el
juego se lleva a cabo sólo por diversión.

Tal vez, por cuestiones idiomáticas, en nuestro país, la diferencia entre el juego y
deporte pudiera ser muy mínima, porque a veces hablamos de juego de baseball; o juego de fútbol; juegos nacionales; juegos tradicionales, como el de bolas criollas o de “chapita”,
como se conoce acá, pero, hay “juegos” que llamamos juegos peligrosos, como los juegos
(crimen disfrazado) de la asfixia o como se conoce el término en inglés: Shocking games.
¿Qué diferencia hay entre el juego de la asfixia, con el de la ruleta rusa? Ninguna.
También hay otros juegos peligrosos, como cuando alguien patea un balón para pegarle en
el cuerpo o en la cabeza a otros “tontos” (perdonen esa expresión), pero ¿cómo se les puede decir a los que se dejan golpear arriesgando su vida?

Con el shocking game, le cortan el oxígeno por algunos segundos a la víctima y por
la razón que sea, se deja hacer esto buscando que lo maten ¿será que algunos permiten eso, para que no lo saquen del grupo o por temor? ¿Por qué nadie acusa al líder, o a los
promotores de tan horrendo juego? (A quienes no les pasa nada).

Aprovechamos este artículo, porque hace poco se celebró el Día del Padre, para
referirnos al texto inicial de Colosenses 3:20,21, texto aleccionador para los progenitores,
tutores e hijos, y la escritora Elena de White, hablando sobre Elí, un sacerdote de Israel; un mal padre, dice que no orientó, corrigió, castigo a sus hijos a tiempo y siempre se
martirizaba: “¿’será que’ son demasiado jóvenes para ser castigados?” (Patriarcas y
Profetas, págs. 625, 626). Eso los llevó a la destrucción.

Continúa señalando: “Muchos están cometiendo ahora un error semejante. Creen
conocer una manera mejor de educar a sus hijos… y se excusan diciendo: " son demasiado jóvenes para ser castigados. Esperemos que sean mayores, y se pueda razonar con ellos” (Ídem). ¡Que error!

Tal vez por ello, la autora citada, finaliza su comentario: “No hay maldición más
grande en una casa que la de permitirle a los niños que hagan su propia voluntad. Cuando
los padres acceden a todos los deseos de sus hijos y les permitan participar en cosas que
reconocen perjudiciales, los hijos pierden pronto todo respeto por sus padres, toda
consideración por la autoridad de Dios o del hombre, y son llevados cautivos de la voluntad
de Satanás” (Ídem).

Hoy las autoridades competentes, como el CICPC, Cuerpo de Investigaciones
Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC), están buscando a asesinos del juego de la asfixia y llaman a los padres para que no les permitan a sus hijos practicar juegos peligrosos. Y si todos respetáramos la voluntad de Dios, como dice la Biblia, le haríamos un gran favor a la humanidad para contar con personas más respetuosas y responsables en este planeta.

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