#OPINIÓN Por la puerta del sol: La ciencia y Dios el inescrutable (Cap. Final)

Amanda Victoria | Foto: Archivo/Referencial |

“Donde hay un diseño, necesariamente tiene que haber un diseñador” (Isaac Newton). “Yo solo quiero conocer el pensamiento de Dios, los demás son detalles”, Albert Einstein).
Para fiscalizar a Dios, para reclamarle y culparlo de nuestros sufrimientos somos los primeros, queremos que corra a ayudarnos, se refuta su libre autoridad, se cuestiona su existencia y su grandeza como si fuera un simple mortal. Demasiado pequeño, tan exiguo en su forma, tan atrevido en sus aspiraciones, es el hombre cuyo gran error es querer igualarlo a sí mismo. Newton halló la ley del firmamento que rige el movimiento de los astros, sin que llegara a conocer el origen de aquella inmensidad inescrutable ni el suyo propio.

Para que podamos entender el universo y la vida la Creación y Dios son fundamentales, porque le dan sentido al todo. La naturaleza contiene lo eterno y lo temporal, lo perfecto y lo imperfecto, lo bueno y lo malo. Ella es el templo en donde se siente mejor la presencia del Todopoderoso en el que nuestros padres nos enseñaron a creer y a amar. Aunque tal y como la vemos en nuestro mundo personal, nunca será la justa expresión ni el fiel reflejo de un Dios infinitamente sabio y perfecto. La naturaleza representa las leyes de lo perfecto que evolucionan. Aunque la Naturaleza proceda de Dios no es Dios, tampoco el hombre es Dios aunque sea su creación ni Dios es el hombre aunque habite en él. Nada puede alterar sus leyes, nadie conoce el principio ni el final de sus designios.

Los científicos quizás son en nuestro mundo actual las personas más influyentes, responsables de los grandes avances, son ellos los que nos dan una comprensión profunda del universo y su funcionamiento. Algunos enseñan al mundo el resultado de las investigaciones científicas en sus obras, pero ocultan al autor de la luz que inspiró su portento.

No hay duda de que ocasionalmente nuestro propio sufrimiento puede hacernos mejores seres, más bondadosos, más humanos, sin embargo nadie sufre para ser más feliz o más bueno; intentar ver lo bueno en los males que afligen al mundo es querer despojar al mal de su carácter.

Cada día observamos el gran sufrimiento y hambre del mundo que no redime a nadie. Según la Biblia quien sufre logrará el cielo. Tiene que haber otras respuestas de por qué existe el sufrimiento, de lo contrario la duda brotará al confirmar que sencillamente no hay respuesta, porque no hay a quién acudir. Hasta la presente fecha no vemos de parte de la Ciencia que invierte millones y millones en mortíferas armas y para investigaciones espaciales, pero no busca cómo remediar el hambre, el crimen, las enfermedades, la miseria y sufrimiento del mundo.

Según la concepción clásica de la iglesia acerca del sufrimiento, este es el precio que se paga por haber pecado, lo que es falso. ¿Por qué la gente ha de soportar las penas y sufrimientos para salvarse? Lo que tampoco es cierto. Dios no está a la altura de las leyes de los hombres. Se habla del libre albedrío como la absoluta capacidad que tiene el hombre de buscar, desear y querer el bien o rechazarlo. No es el libre albedrío la excusa sino el mal uso de este. El mal de todo no está en el Creador está en el mismo hombre quien al no poder resolver sus problemas y fracasos se los achaca a Dios.

“Los virus de computadoras deberían ser considerados como vida. Pienso que esto dice mucho de la naturaleza humana, cuya única forma de vida que ha creado es puramente destructiva. Hemos creado en los virus una forma de vida a nuestra imagen y semejanza” (Stephen Hawking).

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