#OPINIÓN Madre es…

Amanda Victoria | Foto: Archivo/Referencial |

Dedicado a todas las madres de Venezuela, Colombia y Holanda.
La luz de este día trae consigo un semillero de recuerdos y nostalgias, relucen las instancias pobladas de remembranzas, los nidos cantan a la vida, sueñan los ruiseñores.

En la casa se sirve la mesa para la bella ocasión del día que le toca a mamá ser recordada y atendida. Los que no se han ido pondrán la comida, el pan y el vino. Blanco es el mantel que recuerda el abrazo y las risas de los hijos que tuvieron que emigrar tras sus sueños. Frente a la ventana bajo el toldo del árbol que acaricia el tragaluz con sus verdísimas hojas, dos aves tejen su nido en lo profundo del ramaje en pleno mes de Mayo que en torrentes de vida brota y salta del seno de la gran madre Natura.

Hoy es el día del amor que a los hijos acompaña hasta el final. Ningún amor es comparable al de la madre. Con el paso del tiempo cuando el amor y objeto de sueños y pasiones desaparecen de nuestra vida, poco a poco se van quedando en el olvido. El amor verdadero no es el que dura toda la vida ni aquel de -hasta que la muerte los separe- es el que no se va nunca del corazón, se queda anclado, se eterniza y se recuerda con veneración aún más allá de su muerte. Es el de la madre y también el del hijo, los únicos amores que siempre están retoñando y enternecen el alma hasta el morir…

Cuando tenemos que andar por otros caminos sin el ángel protector, al mirar los años de alegrías y calma que atrás quedaron, nos conmueve ver cómo huyeron vertiginosos en las alas del tiempo los mejores momentos de nuestra vida, de aquel hogar dulce hogar al lado de nuestros viejos y hermanos…

-¿Oh tiempo! Tus ruedas giran sin cesar los nublos de tu potente motor en espiral. Empujaste mi velero lejos de la tierra amada, el horizonte que veo hoy, se despliega como bandera ante mi vista sin saber si llegaré a alcanzarlo un día o solo he de ver sus resplandores.

Felicito a mis hermanas, a mi hija, a mi nuera, sobrinas, a mi comadre Pacita, amigas virtuales y presentes a quienes va dedicado el presente artículo.

Quiero dar paso al hermoso escrito que dejara mi sobrina Yaneth Ardila Niño (QEPD) a su madre antes de morir:

“Madre es aquel fanal guía en la existencia, aquel cielo en el que estoy como estrella rutilante que nunca se apaga.

Madre es aquel sendero de luces hacia lo infinito, lleno de fragantes emociones y en el que como un alud la arboleda en un manto me envuelve, para adentrarme en esa mansión de amores, de mieles cual exquisitos placeres y advertir ¡Oh esas flores! Aquel ornato empíreo que Orlando floresta en arco iris de borde a borde la senda.

Después de la corriente tempestuosa que se lleva en la existencia, madres es aquel remanso de oasis que a la vera del camino brota en hierba formando una extensa pradera y como en suaves plumones besa los cansados pies, madre es aquel prado que en blandas y trémulas caricias abraza, tan sublime es que yo en la búsqueda de un sedante… de tan solo hollar ¡plétora me hallo ya!”.

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