#OPINIÓN Orar

Alicia Álamo Bartolomé | Ilustración : Victoria Peña |

I Have a Dream -Yo tengo un sueño- es el discurso pronunciado por Martin Luther King el 28 de agosto de 1963 -se van a cumplir 55 años- en las escalinatas del Monumento a Lincoln durante la Marcha por el Trabajo y la Libertad, en Washington. Fue un momento decisivo para el Movimiento por los Derechos Civiles en los Estados Unidos. El discurso es una de las piezas oratorias mejores de la historia y, según los expertos en retórica, ocupa el primer puesto entre lo discursos del siglo XX. ¡Y este apóstol de la no violencia, de la paz, tal como Gandhi, murió asesinado!

Yo también tengo un sueño y espero no morir asesinada, total, estoy muy vieja y más vale que esperen mi muerte natural. Mi sueño es este: que un día, las manos unidas, judíos, cristianos y musulmanes podamos rezar juntos, ¡Padre nuestro que estás en el cielo…! Y que nos sigan todos los politeístas paganos y ateos del mundo. ¡Vaya sueño! Muchos dirán que es una quimera, una utopía y lo es, pero siempre he creído en la utopía como la estrella inalcanzable, pero norte a seguir, cuando se persigue un ideal, como la libertad, por ejemplo.

Mi utopía no es nueva, la acaricio desde hace muchos años. En 1975, en Jerusalén, tuvo una inyección de fuerza. En el balcón de mi cuarto de hotel, al atardecer, hacía mi oración vespertina, yo, católica, en el corazón de la ciudad emblemática del judaísmo, cuna del cristianismo y, desde el alminar o minarete de una mezquita, oí al muecín llamar a la oración con su “¡Allahu akbar!” -¡Alá es grande! Fue un momento mágico, ¡yo estaba ahí en el corazón del monoteísmo… dividido! Pensé en ese absurdo. Las tres grandes religiones monoteístas vienen de Abrahán, nuestro padre común terreno por designio de Dios, pero nos hemos separado en el correr de los siglos por incomprensión, fanatismos, rencores y venganzas. Hemos protagonizado, los fieles de las tres, un historia demasiado trágica que es necesario superar. Es verdad que cristianos y musulmanes hemos sido los atacantes crueles; los judíos no, sólo se han defendido, un punto a su favor, pero en cambio son terribles vengadores. En los últimos años judíos y cristianos nos hemos acercado, en cambio los musulmanes permanecen lejos por el fanatismo dominante de una minoría de ellos. Ya basta, unos y otros debemos vivir el Yom Kipur.

Desde el cielo, donde debe estar por su vida, su obra y muerte de mártir, Martin Luther King, se regocijaría intensamente como yo, o más que yo, el día en que la primera familia negra ocupó la Casa Blanca. Su sueño, su utopía, poco a poco se fue haciendo realidad. ¿Qué enseguida ocupara la silla presidencial un catire tan catire que tiene las pestañas blancas? Es lógico, la reacción contraria es natural, pero ya se escribió una página histórica trascendental y mientras el negro figura en ésta como un gran estadista, el catire aparecerá como todo lo contrario y apenas si tendrá una nota de incoherencia anecdótica.

Pienso en el triunfo póstumo de Martin Luther King y me da ánimos para seguir orando por mis utopías: dos unidades, la de las religiones y la de Venezuela, hoy no sólo dividida entre gobierno y oposición, sino en el gobierno mismo como en la oposición. El país es un cristal resquebrajado, grietas, aristas filosas y polvo por todas partes. Padecemos de una bipolaridad devastadora. No se ve luz por ninguna parte. Y sin embargo…

Hay que seguir orando y amando. Oración y amor a Dios son una y la misma cosa. Se ora porque se ama y se ama porque se ora. Ambas manifestaciones son las que confirman la fe y nutren la esperanza. No dejemos de orar. Penitencia, que es la oración de lo sentidos. Caridad que es la oración en obras. Orar, orar siempre, aquí, ahora, ayer y mañana. Vendrá la aurora.

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