El Ricón de Los Miércoles

Luis Rodríguez Moreno |

I

Hace algunos años tuve la oportunidad de conocerlo cuando visitaba el estado Mérida en sus actividades políticas. Estaba hospedado en el viejo hotel Park en cuya animada terraza se reunía la gente vinculada a la llamada Feria del Sol. En ese momento era objeto de la admiración de mucha gente, especialmente de los jóvenes con preferencia del bello sexo. Los periódicos de la ciudad mencionaban que este chico era descendiente directo del Libertador Simón Bolívar, además de haber sido un aventajado estudiante de la Universidad de la prestigiosa Universidad de Harvard. Las muchachas lo rodeaban hasta dejarlo casi sin respiro. Él sonreía sin negarse a esa espontánea manifestación, cosa rara en los políticos. Sólo muestran la dentadura cuando salen en campaña, abrazan niños y viejitas, y muchos hacen alarde de buena salud y buen físico. Como todo joven vestía pantalones vaqueros y camisa de cuadros. Me pareció de primera vista un chamo tímido, poco acostumbrado a las multitudes. En la plaza de toros “Román Eduardo Sandia” de Mérida lo habían ovacionado cuando alguien notó su presencia en los tendidos. En los cosos taurinos suelen medir la popularidad de los políticos cuando se anuncian. En ese termómetro Carlos Andrés Pérez dejó para la historia un verdadero récord. Por más de 10 minutos los aficionados le hicieron saber su entusiasmo por su candidatura presidencial gritando “El gocho en el 88” y ese fue el resultado del proceso electoral donde CAP era de nuevo investido como Jefe del Estado venezolano. Años después de ese fugaz encuentro merideño lo vi de nuevo en Barquisimeto. El mismo rostro de chico travieso. Sus compañeros de lucha se peleaban por una foto a su lado, tal vez porque presumían que estaban muy cerca de un candidato presidencial o, mejor dicho, de un Presidente en un futuro. También observé entre quienes lo recibían en tierra crepuscular a muchos adecos, copeyanos y militantes de otras organizaciones políticas mostrando su adhesión al joven y carismático líder. Una vez leí que un gran hombre tiene siempre una gran mujer y en este caso no ha sido diferente.

II

No se necesita mucha imaginación para saber que hablamos de Leopoldo López, severamente castigado por ser el portavoz de la disidencia en Venezuela y de su valiente esposa Lilian Tintori, quien ha recorrido medio mundo denunciando la injusta prisión de su marido, sentenciado a 14 años de prisión, hoy cumpliendo esa pena en su casa al lado de Lilian y de sus bellos hijos. Desde la cárcel militar de Ramo Verde lo vimos de nuevo a través de las imágenes de la TV y de fotos hechas clandestinamente en el interior de la prisión. Había perdido su casi eterna sonrisa, pero no su dignidad. Cada vez que podía enviaba a los venezolanos mensajes de aliento solicitándoles no rendirse nunca en la lucha. Ni las torturas a que fue sometido, denunciadas ante la comunidad internacional, entre otras instancias, fueron suficientes para callar su rebeldía ante lo que sigue considerando un gobierno incapaz de brindar bienestar a los venezolanos. Esa férrea manera de encarar la adversidad, transmitida al mundo en las redes sociales ha contagiado también a miles de personas, sumando de esa manera el número de voluntades y nuevos peregrinos de la libertad.

III

El país y el mundo respiraron profundo cuando se anunció el traslado de Leopoldo López a su residencia familiar. No era, como decían algunos un político preso, sino un preso político como hay decenas de miles en las prisiones venezolanos. Tampoco abdicó a sus creencia en una Venezuela más justa, dueña y soberana de su riqueza, capaz de liderar proyectos y programas dirigidos al crecimiento armónico de una tierra que lo tiene todo para insertarse en el concierto de las naciones que han superado los obstáculos y el subdesarrollo extremo en el cual vivimos.

IV

Nada que reprocharle a Rafa Nadal en Wimbledon. Se ha marchado con la humildad que ha caracterizado su excelente carrera deportiva. Sabe de más triunfos que derrotas y sabe también que su nombre ya está escrito con letras de oro en el gran Libro como uno de los mejores tenistas del mundo. Gloria al vencedor… honor al vencido. ¡RAFA NADAL! así, con mayúsculas.

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