Va Pensiero – Por quién doblan las campanas

Claudio Beuvrin |

Si hay una celebración antiquísima es precisamente el día de las madres, celebración que puede rastrearse desde la Grecia antigua. Los griegos celebraban a las madres de sus dioses, lo mismo hicieron los romanos y siguiendo ese modelo, los cristianos establecieron el Día de la Madre festejando a la Madre de Cristo que, de paso, le tocó ver como asesinaban a su hijo.

Obviamente, con el paso del tiempo y de las circunstancias, esa celebración fue cambiando de nombre, de fecha, de carácter, de significado, etc. pero siempre se mantuvo como tema central la madre, aunque calificándola, adjetivándola: la madre cristiana, la madre revolucionaria, la madre trabajadora, etc.

Por supuesto, también hay un día de la Madre Consumidora, donde la propaganda induce al consumo de productos comerciales relacionados con la fecha. A esta presión consumista de la cual es casi imposible aislarse, se le puede responder con planteamientos mas serios, mas honrosos, considerando en particular las circunstancias por las que estamos transitando: la lucha por la democracia que ya tiene una larga lista de jóvenes muertos y cuyas madres ya no podrán celebrar con ellos el merecido homenaje en su día.

Celebremos entonces el día de la madre como el Día de las Madres de los caídos en la lucha por la democracia. Incluyamos entre ellas a las madres de los presos políticos, a las madres y abuelas de los que tuvieron que abandonar el país en busca de mejores condiciones de vida e incluyamos también a las madres de los muchachos que no pueden irse y que viven bajo un régimen que los oprime y les niega oportunidades.

Es un justo tributo a estas madres que seguramente, no se opusieron a que sus hijos bajaran a las calles a enfrentar a un régimen asesino.

Recordemos al poema de John Donne, poeta inglés, quien vivió entre 1572 y el 1631, poema que fuera recordado por Ernest Hemingway en su libro del mismo título del poema:

¿Por quién doblan las campanas?
¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

Esos muchachos que han muerto o están gravemente heridos, incluso algunos han quedado cuadripléjicos, son parte de este, nuestro continente, también sus madres. No lo olvidemos, cada vez que uno de ellos muere o cae herido en esta lucha contra la injusticia, muere o queda herida una parte de nosotros y las campanas doblan por ellos, por sus madres y también por nosotros.

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