De Cumbre en Cumbre

Desde que tengo uso de razón estoy oyendo el cuento de las cumbres, reunión de varios países o mejor dicho sus jefes de estado, dizque para llegar a unos acuerdos que favorezcan a los diversos países en estado paupérrimo y hasta ahora no he visto nada positivo para los países en crisis, pañitos tibios y buenas intensiones en resolver la hambruna mundial, o mejor dicho en ciertos países del globo y lo mismo está pasando ahora con la pérdida de la moral, de la honestidad y de las virtudes del hombre que contribuirían a una mejor vida en el globo terráqueo.
Lo mismo que está pasando con la desforestaciones a nivel mundial que están cambiando el clima contribuyendo a los deshielos y el calentamiento global, o sea que la ambición de riqueza desproporcionada en el hombre lo ha convertido en el depredador más grande del universo.
Creo que aún es tiempo de rectificar, de que seamos menos ambiciosos de riquezas materiales a cambio de ser más humanos, más comprensivos y más realistas, que la vida se puede disfrutar sin tantas riquezas exacerbadas a costa del daño de nuestra madre tierra, tengo un dicho que lo considero mío porque hasta el presente no lo he visto ni oído a nadie, que encaja muy bien en el deseo de que seamos más humanos y menos codiciosos de los bienes materiales, que dice: “Si el dinero pesara como pesan los años no habría avaros”. Para vivir y disfrutar de la vida no es necesario enormes y grandes fortunas, es la avaricia la que rompe el saco, dice el refrán, solo necesitamos lo necesario para vivir bien, con las comodidades necesarias hasta que Dios quiera. Razonemos y el mundo marchara mejor, sin las guerras fratricidas, sin la criminalidad, sin la robadera y sin la hipocresía que tanto mal nos hace.
Reaccionemos y volvamos a unos cuantos años atrás, no había el modernismo actual, la ciencia y la tecnología menos avanzada, no habían satélites ni enormes naves voladoras pero había dignidad y nobles sentimientos, existía la palabra del hombre que era un documento, éramos más humanos. No vayan a pensar que estoy en contra del progreso, la ciencia y la tecnología, no ni pensarlo, solo deseo que a más de esto cultivemos el amor al prójimo, la sinceridad la, honestidad, la humildad y todas las virtudes sin sus vicios. Recordemos las palabras de nuestro gran libertador: “para ser un hombre digno, además de honrado y virtuoso hay que ser humilde y generoso”

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