Apelar a la esperanza

Tierras e industrias otrora prósperas, hoy están completamente muertas. Sólo seguimos produciendo petróleo pero para ser regalado en el extranjero o, si acaso recibimos algún pago por él, es de un talante insólito: miles de pantalones nicaragüenses, quién sabe de qué calidad y cuidado si no son importados de Corea o Taiwán y remitidos a los pistolas venezolanos como producto industrial nica. Y así por el estilo. Nos han invadido no sólo chinos, sino alimentos y manufacturas de la China de dudosa calidad.

Estamos fritos pero no vencidos. Aun de esta fritanga puede salir algo bueno, de manera que habría que agradecerles a los personeros de este desgobierno unos cuantos logros que tenemos: primero y principal, la unidad de la oposición. Tenemos un excelente candidato para la elecciones presidenciales del 7 de octubre, precisamente forjado, fortalecido, por las persecuciones oficialistas surgidas tras la calumnia del bellaco embajador de Cuba cuando, como alcalde de Baruta, fue a auxiliarlo aquel 11 de abril ante el acoso de un pueblo enfurecido. La cárcel injusta ha sido para Capriles Radoski el puntal de su posición de hoy.

En el mundo cultural también hay mucho que agradecer a los desmanes de
los susodichos, aunque sería mejor decir del susodicho, porque sus subalternos no mueven una hoja si no es por su orden directa. La cultura del país ha recibido rudos golpes, pero se ha levantado con una fuerza nueva que le ha dado la adversidad. Sin subsidios, el teatro está boyante, hoy te- nemos una respetable cartelera teatral de iniciativa privada. Si los museos del Estado poco funcionan y si lo hacen es con exposiciones de pobreza artística, las galerías privadas acogen lo mejor de nuestros artistas. Y así podríamos hablar de otras cosas como conferencias, jornada, artesanía y otras iniciativas que sería largo de enumerar. No estamos muertos.

En esta fecha, a mitad de la Semana Santa, justamente el Miércoles, día tradicional del Nazareno, quisiera hablar de esperanza. No se trata de repetir ese lugar común de que es lo último que se pierde, justamente creo lo contrario: ¡tantas veces es lo primero! Es la pérdida inicial de los pesimistas
porque siempre ven negro el porvenir. Es la posición negativa de quienes no van hacia delante sino que se enquistan en el pasado.

Detengámonos en el significado del Miércoles Santo. En este día seguimos los pasos de Cristo cargado con la cruz. En muchas iglesias del país imágenes hermosas del Nazareno estarán rodeadas de flores, cirios y saldrán en procesión. Son tallas producto del arte español, principalmente andaluz, con rostros dolientes y ricas túnicas moradas bordadas en oro. También van de morado adultos y niños para pagar promesas por gracias concedidas. En Caracas el eje de esta devoción es el Nazareno de San Pablo, que si perdió su templo para ceder su puesto a un teatro por capricho del presidente Guzmán Blanco, ganó otro, el de Santa Teresa y cuidado si aquí se ha hecho más famoso. El Miércoles Santo esta casa de Dios es el corazón emocionado de la capital.

Cristo cargado con su cruz es la imagen aparente de quien camina a su derrota definitiva y así lució, puesto que murió crucificado. Para sus seguidores de entonces aquello fue un golpe mortal. Regresaron a sus casas abatidos y presas del más terrible desaliento. ¿A quién habían seguido? ¿A un Mesías falso vencido en la cruz? Sin embargo, esta procesión doliente camino del Calvario es el grandioso preludio de la sinfonía de la Redención; ésta pasa luego por los movimientos de gozo y dolor del Jueves y el Viernes, más el silencio del Sábado, para llegar a su triunfal y glorioso final el Domingo de Pascua. Así, es un preludio que proclama la esperanza.

También nosotros, en estos días difíciles, que este año electoral se agravarán por causa del terrorismo oficial, apelemos durante nuestro arduo caminar a la recia virtud de la esperanza.

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