Curda, secso y pixina

Hace poco, en un referéndum, los suizos votaron en contra de la posibilidad de tener dos semanas más de vacaciones. Yo siempre he rechazado el dicho de que los venezolanos “no somos suizos”, porque creo que, en potencia, estamos tan capacitados como los suizos para lograr lo que queramos. Pero debo reconocer que el referéndum y un video que resultó ser viral en You Tube me hicieron darme cuenta de cuán lejos estamos de ser como los suizos: trabajadores, civilizados y… ¿aburridos?
No puedo imaginarme quiénes votarían aquí en contra de tener dos semanas más de vacaciones… Serían las elecciones más concurridas y con los resultados más contundentes de nuestra historia, de eso no me cabe la menor duda. Pero el problema no es tener dos semanas más de vacaciones… es que cada vez es más evidente que estamos de vacaciones todo el año. Una ley recorta la jornada laboral y estimula el reposo como faena. A mucha gente le cuesta reconocer que tener un empleo es sinónimo de trabajo: creen que un empleo es algo por lo que deben percibir dinero, sin importar si lo hacen bien, mal, pésimo, o simplemente no trabajen. El desempeño es absolutamente irrelevante. Nadie, que yo sepa, se ha arrepentido en su lecho de muerte de haber pasado más horas en la oficina. Pero ninguna sociedad prospera si la mayoría deja de trabajar o piensa que el trabajo es un castigo. Estamos en el otro extremo del espectro. Y los extremos, como decía mi abuela, son viciosos.
El video al que me refiero fue filmado “un domingo super sensacional”, cuando estaban “jugando unas carticas, llenando la pixina”, jugando dominó, y tenían montado un equipo de sonido en la maleta de un carro. Transcribo la descripción que la autora hace en el minuto cuarenta y dos segundos que dura el video:
Buenas tardes, aquí estamos en un domingo super sensacional, jugando unas carticas, llenando la “pixina”, por allá tenemos el dominó, por aquí el equipo de sonido… ¿qué más podemos pedirle a este mundo? Curda, Cacique, sevillanas, “secso” y alcohol, ¡vámonos pa´esa! ¡Ay, llegó la primera! Por allá están llenando la pixina, vienen ahora los adultos, bueno, ¡puro “secso”, “secso y ron pa´lo que venga, papá!… ¡Llénenmela bien llenaíta, por favor, que lo que viene es puro secso!… ¡Épale, Sonia! ¡Un saludo a la cámara, Soniaaaaa! Aquí está Sonia… ¡Eeeeeesooooo!… ¡Gozando una!… Dime, dime… háblame, llena, llena, que eso es puro secso y alcohol lo que va a haber en esa pixina, dale, dale… ¡puro secsoooo! Bueno, nos despedimos con este corte, después regresamos con un nuevo corte… de aquí, pasando el domingo, como dice Sonia ¡puro secso! Vamos a darle todo, nos vemos, cambio y fuera, chao…
Lo que más me impresionó del video es que la autora afirma, con absoluta rotundidad, que no se le puede pedir más a este mundo. ¿Y qué se le va a pedir, si hay “curda, Cacique, sevillanas, secso y alcohol”? Usted, amable lector, puede decirme que se trataba de un domingo, día de descanso. Es verdad. El problema es que en Venezuela la tendencia es cada vez mayor a que todos los días sean como domingos: “¡puro secso, secso y ron pa´lo que venga, papá!” y el gobierno es el gran promotor de este principio: acaba con la industria privada para que todos seamos cada día más dependientes de él. Es como un pulpo: estrangula con sus tentáculos, se apodera de todos los espacios, ahoga, remata. Juega a ser el progenitor: papá gobierno es el gran protector y el gran proveedor. Hemos retrocedido quinientos años, a la época cuando las Leyes de Indias consideraban a los indígenas menores de edad y sujetos a patronato. ¿Para qué estudiar, mejorar, sudar, sacrificarse? ¿Para que nos expropien el esfuerzo? ¿Para qué vamos a trabajar? ¡Si ahí está el gobierno para adjudicarnos desde la casa hasta el ron! Nosotros solo tenemos que poner el secso… Y cuidado si terminan metiéndose con eso también.
¿Saben cómo terminan las sociedades con esas historias de curda y secso? Ahogadas en la pixina… La nuestra es de petróleo…

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