La elección que fue

Aunque los actores principales de la política nacional tienen trofeos qué mostrar, ninguno de ellos consiguió sus objetivos. Ni el gobierno arrebató a la Unidad alguno de sus símbolos, más bien ocurrió lo contrario aunque lo intentó con muchos recursos, ni la alternativa consiguió la mayoría en el voto popular que perseguía.

Lo mismo puede decirse de quienes intentaron abrir una “tercera vía” en los comicios más propicios para despolarizar que son los locales. Estos son una pequeña porción, por cierto, de los que se lanzaron por fuera del PSUV y la Unidad, la mayoría de los cuales lo que quería era ganar su elección local y mantenía, al menos en el discurso, la alineación política con uno de los bloques. De este variopinto elenco, los elegidos caben en los dedos de una mano. De resto, aventura sazonada con vanidad y a ver qué pasa.

La votación del 59% no es mala para una elección municipal, pero muy insuficiente para reconocer en la convocatoria la importancia política nacional que tenía. Evidentemente, una parte del electorado no compró ese argumento. En el 20% del total nacional que se abstuvo con relación al 14 de abril (entonces votó el 79%) hubo más partidarios del cambio que del proceso. La causa principal: frustración alimentada por una campaña de devaluación del voto proveniente, los extremos se tocan, del gobierno y del llamado radicalismo opositor. El lunes en El Nuevo País, la admirada periodista Jurate Rosales tituló su columna: “Si no votaste ayer… ni te quejes”.

Otro dato principal es la desigualdad abrumadora entre los contendientes. Un aspecto que no puede soslayarse de buena fe. Fue, como dijo el rector Vicente Díaz, la campaña más ventajista de nuestra historia. La debilidad personal y la fragilidad de su liderazgo buscó compensación en el abuso de poder. La parcialidad del árbitro, expresada en su actitud frente al “Día de la Lealtad y el Amor” (que por cierto no se celebró en Barinas), tuvo su aria final en la proclamación de los resultados, presentada como un acto de propaganda del partido en el poder. Detalle a detalle, con premeditación, alevosía, ensañamiento e incluso nocturnidad, y como postre de la descaradamente ilegal rueda de prensa introductoria del Vicepresidente del PSUV. El uso de recursos públicos fue escandaloso, aun en los estándares de esta etapa de nuestra historia, con niveles obscenos en Petare y Maracaibo. Treinta y nueve minutos diarios, en promedio, de cadena nacional de radio y televisión, y ochenta y uno de transmisiones por esos mismos medios, más el estrechamiento de espacios mediáticos no es poca cosa. Tal asimetría no refleja, ni de lejos, la correlación real de fuerzas sociales. Y el abuso del Poder Público que incluyó a los cuerpos de seguridad del Estado al servicio del partido (casos Oscar López, Alejandro Silva y Miguel Cocchiola, por ejemplo), y a la Administración de Justicia (casos Uzcátegui, Blyde, Ledezma, por ejemplo). El resultado no puede analizarse con independencia de todo esto.

El triunfo psuvista en número de alcaldías era predecible, aunque fue mayor del esperado, y el del voto popular es su éxito de esta jornada. La victoria unitaria en setenta y seis municipios y el Distrito Metropolitano de Caracas, en estas circunstancias tan adversas, es motivo de orgullo para el pueblo opositor y debe serlo para su dirigencia. Así como de reconocimiento para Henrique Capriles, sin cuya entrega el saldo no habría sido el mismo.

Esos resultados colocan a la Unidad ante una responsabilidad nueva y considerable. Quienes gobiernan el Área Metropolitana de Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, San Cristóbal, Mérida, Valera, Maturín, y sesenta y nueve municipios más en toda la República tienen el reto, y la oportunidad, de demostrar la calidad de su promesa alternativa.

Esa gran responsabilidad de gobernar localmente a tantos venezolanos, está unida a tener ahora que enfrentar el desconocimiento de facto. En contradicción con los llamados a diálogo, responsablemente respondidos por los alcaldes unitarios con buena disposición que no es sumisión, se despoja a los municipios de bienes, recursos y posibilidades de trabajar. Eso sin contar que se nombre ministros y “protectores” a los que perdieron las elecciones. Golpes bajos a la ciudadanía. Antidemocracia.
En el seno del PSUV vendrán los reacomodos, los equilibrios tectónicos y la administración de los descontentos residuales con los aliados, ajustes de cuentas en resumen. En el seno de la Unidad vendrán revisiones, discusiones y, a consecuencia de ellas, acciones, para que esa alianza amplia y fundamentalmente exitosa, se presente en estructura y mensaje, más unida, más abierta y mejor preparada.

La realidad que es

Al pasar la elección, empezó a hablar el gobierno de aumento del precio de los combustibles, gasolina y gasoil, tema del cual habían huido con venenosas consecuencias. Es el primero de muchos síntomas ocultos o ignorados de la realidad en emerger. Pero mal se haría con poner la lupa en ese precio sin mirar la metástasis a su alrededor. Son muchas las preguntas que deben ser respondidas. ¿Vamos a seguir con la regaladera irresponsable al exterior? ¿Vamos los venezolanos a pagar más para subsidiar al gobierno cubano? ¿Admitirá el gobierno que producimos menos combustible y que por eso se está importando de Estados Unidos? ¿Donde están los planes para producir más? ¿Seguirán al frente de Pdvsa los que la han llevado a esta situación que ameritó que el Tesoro y la banca pública le dieran 11,8 millardos de dólares?.

Pero, además, ¿cuál es la política prevista para el transporte público urbano? ¿Cómo quedarán el transporte terrestre interurbano y el aéreo, cuya flota es vieja e ineficiente por causa de otras políticas gubernamentales? ¿Y la pesca? ¿Cómo se hará con la generación eléctrica basada en esos combustibles subsidiados? La cosa, como se ve, es complicada.

Ahora, el gobierno deberá manejar realidades como la brecha abismal entre cambio oficial y cambio paralelo, la escasez de productos y los precios altos que no cesan, porque barato no se consigue y lo que se encuentra es más caro. En alimentos, la inflación venezolana es la más alta de América Latina. En las clínicas privadas escasean los insumos, y en los hospitales públicos también. Y el presupuesto podrá reflejar el Plan de la Patria, pero su viabilidad depende de que refleje la realidad fiscal y económica, y parece que no.

Esos problemas son difíciles y son de verdad, no expresión de alguna “guerra económica” imaginada por la propaganda, ameritarán respuestas. Respuestas eficaces y con amplio apoyo nacional. Para eso el Ejecutivo Nacional deberá hablar y concertar con alcaldes y gobernadores, sin peajes ni chantajes. Con los empresarios y los trabajadores. Con las universidades y los centros de pensamiento. Y, claro, con la oposición política.

No parece dispuesto a hacerlo. Al contrario, anuncia radicalización y profundización de las líneas que nos han metido en esta calle ciega. En adición a lo cual, existe el fundado temor de que los abusos de poder vistos este año no sean coyunturales sino estructurales. Y ese es, en realidad, el más grave de todos los problemas graves que tiene el país.

Mandela, paciencia transformadora

Han abundado los homenajes al gran Nelson Mandela, ejemplo de líder transformador y constructivo que supo vencer (y convencer) al odio y el resentimiento. Nada que agregar a lo mucho ya dicho. Solo el recuerdo de una idea suya que debemos hacer nuestra: “Siempre parece imposible, hasta que se hace”. La guardo en mi biblioteca, y la releo cada día.

Rincón de los libros

Para entender mejor la realidad es utilísimo Saldo en Rojo (UCAB/KAS. Caracas, 2013), el libro coordinado por el profesor Marcelino Bisbal, acerca de las comunicaciones y la cultura en estos quince años se han dado en llamar “la era bolivariana”. Textos sobre normas como la Ley Resorte y la reforma del Código Penal, políticas públicas como las cadenas, el programa Aló Presidente, Conatel, el sistema de medios públicos, y estrategias de gobierno como la censura trae este interesante volumen escrito por un equipo de profesionales talentosos y serios, entre quienes destaco (por amigo y por de aquí) a Andrés Cañizález. Se pasa revista también a la prensa y la radio, el teatro, internet, los medios comunitarios, la televisión, la publicidad y los periodistas.

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