El Cine Rialto llegaría a su fin por la ambición comercial

El historiador Guillermo Morón anuncia en su obra, La ciudad baldía, el triunfo del comercio sobre la estructura espiritual de Barquisimeto. Atrás quedaron los edificios de antaño, reemplazados por santamarías o estacionamientos, cuenta el investigador Carlos Eduardo López.

El presidente de la Fototeca de Barquisimeto califica la desaparición de espacios culturales como un drama. El arte se mantiene bajo perfil, dice. La ciudad perdió cines, teatros, casonas y los íconos que siguen en pie están a la deriva.

Hace seis meses, aproximadamente, la única sala audiovisual antigua de la ciudad tuvo su última función. El Cine Rialto fue cedido a inversionistas extranjeros en una negociación marcada por las irregularidades. La venta del inmueble no fue consultada a la Alcaldía de Iribarren o el Consejo Comunal del Centro, trámites obligatorios por tratarse de un Bien de Interés Cultural de la Nación.

En noviembre de 2013 se efectuó el traspaso por un monto que supera los diez millones de bolívares.

Las instancias municipales conocieron de la venta tres meses después. La Red de Cine y Audiovisuales del estado Lara y el Consejo Comunal del Centro encendieron las alarmas ante una posible demolición.

El Cine Rialto está en peligro, indica la periodista Adriana Ciccaglione. Sería derribado para darle paso a la ampliación del establecimiento vecino.

Protestas, manifiestos y campañas en defensa del recinto rindieron frutos. El Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) emitió una orden de paralización el 10 de febrero, en la cual prohíben intervenir la infraestructura.

El artículo 26 de la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio impide la remodelación o demolición de estos inmuebles.

“Cuando las paredes de un emblema como el Cine Rialto caen, también lo hace la historia”, reza el comunicado de la Red de Cine y Audiovisuales del estado Lara.

Tras la medida del IPC, el consultor jurídico de los nuevos propietarios señaló que estaban en plena disposición de frenar la remodelación.
Pero cambiaron de opinión. Esta semana el IPC realizó una inspección en el inmueble con abogados, antropólogos, arquitectos y la Defensoría del Pueblo, sostiene Ciccaglione.

Los propietarios no asistieron. En su lugar enviaron a una asistente quien les notificó que no se mantendría la naturaleza del Cine Rialto.

“Lamentablemente encontramos dos salas completamente destruidas, sin butacas ni los proyectores. Aunque la asistente aseguró que compraron el inmueble en esas condiciones, no sabemos si es cierto o falso”, agrega.

El ministro de Cultura, Fidel Barbarito, tiene en sus manos el caso.Prometió una declaración a favor del Cine Rialto pero no se ha producido.

Sobre el inmueble reposa una medida de protección. Sin embargo, los trabajos de remodelación no han cesado, denuncia el consejo comunal.
La consultora jurídica del IPC, Christian Molina, acordó regresar al ícono en pugna próximamente.

Solicitó a los propietarios consignar el proyecto de construcción para su aprobación o invalidez. Por lo tanto, no descartan que la infraestructura, que data de los años 50, sea destruida para la ampliación de un comercio.
“La Alcaldía de Iribarren o la Gobernación pueden enviar al IPC su propuesta para salvar el Cine Rialto”, explica Ciccaglione.

El cronista de la parroquia Concepción, Rommel Escalona considera que el Cine Rialto podría ser adquirido por las instancias públicas para hacer el Teatro Amábilis Cordero o el Instituto Municipal de Cine.

La oferta de consumo no puede acabar con los espacios culturales, indican los defensores del patrimonio que albergan la esperanza de rescatar el antiguo recinto.

Espacios culturales no son un estorbo

El investigador Carlos Eduardo López señala que el comercio se ha impuesto sobre la estructura espiritual de Barquisimeto “a cualquier costo”.

Advierte que más de 15 o 20 salas de cine fueron demolidas para convertirse en estacionamientos o tiendas.

“El patrimonio en la ciudad está por el suelo. Contábamos con el único cine con techo corredizo en Venezuela, ahora es un terreno vacío.
Destruyeron el Cine Altagracia para un centro comercial con las pretensiones idénticas a las que tienen los actuales propietarios del Cine Rialto”.

Asevera que ninguna instancia actúa con celeridad en el caso de la última sala audiovisual antigua de la ciudad.

Indica que es competencia de la Fiscalía 21º velar por el inmueble. Podría intervenir la Alcaldía de Iribarren a través del IMCA, agrega.

Descarta que el IPC salve el ícono. En cambio, advierte, el expediente sería engavetado como ha ocurrido en otros casos.

Para el presidente de la Fototeca, es inconstitucional que el IPC no aplique una sanción a los propietarios que están negados a recuperar el Rialto.
“Esto es una afrenta a la cultura desde todo punto de vista, además avalado por un órgano que debería resguardar el patrimonio”, añade.

Asimismo, señala que el inmueble, decretado Bien de Interés Cultural, debe ser tomado por las autoridades (municipales, regionales o nacionales).

Recomienda la mediación del alcalde Alfredo Ramos para tomar las riendas del espacio.

“Fundado en 1928 con el nombre de Cine Libertador, fue arrasado por un incendio que se desató en la sala de proyección en 1931, apenas a tres años de su inauguración.

La edificación fue refaccionada y conservó la fachada pero adoptaría el nombre que hoy lo distingue: Cine Rialto”, comenta.

Según el investigador este conflicto reabre el debate sobre la recuperación de espacios públicos. De hecho, el Concejo Municipal inició discusiones al respecto.

“Aquí hay espacios como el Cine Imperio, el Cine Barquisimeto o el Cine Venezuela que son recuperables. Es una cuestión de voluntad política”.

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