Crisis-Diálogo-Crisis

Ni cheque en blanco ni por tiempo indefinido

El apoyo de la mayoría de los venezolanos al diálogo refleja una esperanza. Sólo lo impugnan de partida las posiciones más extremas entre los sectores más politizados. Pero ese apoyo es un crédito de corto plazo, que requiere abonos en cuenta tempranos para prorrogarse, hasta alcanzar logros más importantes y, por eso, más difíciles.

El diálogo en Venezuela es tan obviamente necesario que lo plantean desde el Papa Francisco hasta los gobiernos sudamericanos, Obama, la Unión Europea y varios gobiernos de ese continente y voces del planeta entero. Esas voces incluyen, para sorpresa de algunos, la del Premio Nobel Mario Vargas Llosa, cuyas posiciones acerca de nuestro país nadie podría tachar de conniventes o equidistantes.
Así como se ha dado cuenta la Mesa de la Unidad, que ha tenido el valor de asumirlo a pesar del tiroteo descalificador de quienes no se conforman con el desacuerdo respetuoso, uno tiene la impresión que hay una brecha entre lo que el gobierno dice y lo que está dispuesto a hacer en la práctica. Si la menor concesión amerita una batalla, ¿cómo será cuando llegue el momento a los temas mayores? Es una pregunta legítima. Y uno debe formulársela sin precipitación, pero teniendo conciencia de que si bien no puede ponérsele al diálogo un plazo definido, es irreal pensar que su tiempo es infinito.
La prioridad de las necesidades
Si la mayoría de los venezolanos apoya el diálogo es porque sus necesidades, y entre ellas la de paz, tienen prioridad, y quieren que los actores políticos unan sus esfuerzos para buscarles soluciones.
Los problemas son muchos y muy reales, tanto que esta semana se abrieron paso en los medios, a pesar de la preeminencia de las noticias relativas a la política, la protesta y la represión.
El aumento de precios se aceleró en marzo en un 4.1%. En un año, los precios de los alimentos han subido 79.2%. Eso quiere decir que a la hora de comprar comida, cien bolívares de hace doce mese son hoy Bs. 20,80 hoy. “Se disparó la inflación y el crecimiento es bajo” declaró Merentes (BCV). Cierto, pero ¿Por qué? La escasez es tal, que el gobierno se ha visto obligado a revisar los precios controlados, cuya irrealidad es patética, aunque no se atreva a una rectificación a fondo, que apunte a las causas de la baja oferta de bienes. Pero lo cierto es que la gente consigue menos productos y los paga mucho más caros.
Por otra parte, los indicadores de la inseguridad siguen en niveles alarmantes. No solo en la percepción del ciudadano asustado e indefenso, sino en las cifras duras que muestran proporciones comparables a las peores del mundo. Homicidios son lo más grave, claro, pero hay secuestros, lesiones, robos y hurtos.
Mejor que la economía y la seguridad de vidas y bienes no anda la salud. La asignación de divisas para necesidades del sector está en los niveles de hace cinco años. Un dato: A esta altura del año se han reportado más de seis mil casos de dengue que el año pasado. Tampoco la aplicación de la resolución 058 o la implantación de los nuevos textos apunta en la dirección de ir avanzando hacia una educación de calidad y pertinencia. Demasiado énfasis en imponer un modelo ideológico, con sacrificio del deber de asegurar a niños y jóvenes una educación para realizarse, crecer y tener un lugar en el futuro. Y eso tiene que ver con la vida de la gente. Nada menos que con la vida que habrán de vivir esos niños y jóvenes venezolanos. Nuestros hijos y nietos.
Darse cuenta de eso no puede ser tan difícil. Al contrario, lo difícil es no verlo.

RINCÓN DE LIBROS

Verdades Innombrables es el excelente libro de Priscilla Hayner (Fondo de Cultura Económica. México, 2008) acerca de las experiencias de comisiones de la Verdad y Reconciliación y sus enseñanzas: características, objetivos, funcionamiento, problemas y resultados. En la Venezuela de estos días ha sido propuesta la constitución de una comisión nacional investigadora inspirada en esas experiencias. La determinación de la verdad es elusiva, cuando no hay instituciones o si los organismos públicos que deberían ser institucionales no generan la suficiente confianza.

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