Se destruye la democracia y la participación de la gente

Pacífico Sánchez | Luis Salazar |

Desastrosa, caótica, lamentable es la situación que estamos viviendo los venezolanos. Así la observa monseñor Antonio López Castillo.

Se está destruyendo la democracia. Lo dice al referirse al desconocimiento de las funciones de la Asamblea Nacional, al Poder Legislativo paralelo que ha usurpado la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y a la  actuación del gobierno cívico militar en que ha degenerado la presidencia de la República.

Se está destruyendo la participación de todos. Se refiere a la prohibición de acercarse a la sede del Consejo Nacional Electoral, utilizando no sólo los cuerpos de seguridad que atacan con bombas lacrimógenas a los manifestantes, sino a una decisión tribunalicia que ya hecho un sitio vedado a la ciudadanía las cercanías de ese organismo público. Además, a las detenciones practicadas a las personas que protestan en las colas kilométricas para conseguir alimentos.

Para monseñor López Castillo el esquema socialista, comunista fracasado como ha sido este sistema que ya fue probado sin éxito en la extinta Unión Soviética, en la Europa Oriental y en otros países, lo que ha traido a nuestro país es una desgracia: la gente se está muriendo en los hospitales porque éstos carecen de medicamentos y no pueden proporcionar los tratamientos adecuados. La gente pobre ahora está condenada a fallecer porque apenas puede sobrevivir, ya que no encuentra los  alimentos y si los consigue éstos tienen precios sumamente elevados en el mercado negro. Y para colmo de males, la corrupción se ha extendido en todas partes. Graves son los señalamientos de que el narcotráfico ya ha permeado a instituciones que antes gozaban de respeto.

Con el decreto ejecutivo 2323, que faculta a organizaciones colectivas a la distribución de comida, se está provocando reacciones en el pueblo, que podría terminar en consecuencias lamentables.

La gente se siente mal, molesta, desatendida,  y pareciera que a los dirigentes no les importara, manifiesta indignado.

Considera gastos inútiles y millonarios los hechos para unos ejercicios militares, supuestamente  para estar preparados para una invasión extranjera o para un golpe de Estado, acciones que ha venido anunciando el gobierno como una propaganda comercial, pero carente de sentido común.

Aquí la invasión que se ha registrado es el de la inflación y el golpe que se ha dado es contra el pueblo atacado por el hambre. Las bolsas de comida están siendo repartidas a los que piensan como  el Gobierno.

Lamenta que no haya venido el canciller del Vaticano. Imagina que monseñor Paul Richard Gallegher buscaría mantener contacto con las partes enfrentadas. El diálogo no interesa, expresa.

Al preguntarle sobre una campaña que habría sido preparada por el oficialismo para despretigiar a la Iglesia por ser ésta la única institución  que goza de credibilidad de la población, riposta: Esas campañas no funcionan porque son falsas, mentirosas.

 

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