#OPINIÓN Por la plata baila el mono

Antonio A. Herrera-Vaillant | Foto: Archivo/Referencial |

Abundan discusiones internacionales sobre la crisis humanitaria y masiva migración venezolana (abrumadoramente económica y social) – que se estima aumentará en 1.7 millones de nuevos expatriados en 2018. Pero la comunidad internacional parece poco inclinada a grandes planes de ayuda para venezolanos en apuros.

El planeta identifica a Venezuela por su inmensa reserva petrolera. Por más de medio siglo los medios internacionales invariablemente nos han pintado solo como “país como miembro de la OPEP”, por el voluble y desaprensivo uso político de las mayores reservas energéticas del planeta.

La inseparable identidad de Venezuela con esa casi ilimitada riqueza también trae al recuerdo la locura con que en su momento y por mayoría se entregó a un régimen zafio e irresponsable, cerril hacia el mundo civilizado, volcándose sin mucho remilgo al festín de las vacas gordas mientras éstas hayan durado.

Para muchos la crisis humanitaria de Venezuela resulta tan incomprensible e insólita como si ocurriese en Arabia Saudita, Dubái, o los Emiratos Árabes. Con semejante historia y potencial resulta incongruente intentar lástima afuera, aun cuando todas las estadísticas y medidores puedan confirmar la profundidad y extensión del drama.

El mundo entero tiene claro o intuye que la verdadera solución a la crisis integral de Venezuela es el cambio radical de sistema, y sabe que toda ayuda directa entregada hoy en este país parará en manos de la misma mafia causante del problema. Otra cosa son facilidades para genuinos exiliados.

El tema humanitario jamás debe ser la línea central de acción internacional sobre Venezuela, y menos si parte de la muy dudosa premisa de que hoy no sea previsible un cambio de régimen: Rara vez son predecibles los cambios repentinos en dictaduras esencialmente militares, y si lo fuesen no ocurriesen. Guerra avisada no mata soldado.

Buena parte de la población, incluidas sus Fuerzas Armadas, ha sido responsable de la presente adversidad; y de la maduración y decisiva acción de esos mismos sectores depende salir de ella.

La forma más efectiva y rápida de aliviar el sufrimiento del pueblo venezolano es cortarle todo oxígeno económico y moverle decisivamente el piso a un parapeto delictivo armado casi por completo sobre mercenarias lealtades compradas con petróleo.

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