#Opinión Desde aquí… (15)

Amanda de Victoria | Foto: Archivo |

Mientras el alma y el corazón amen y los ojos no se cansen de observar con fascinación los
paisajes y hermosuras del mundo, nunca terminará “Por la puerta del sol” su tarea de
escribir sobre la diversidad de temas que pone la vida frente a los ojos.

El mundo está inundado de caminos que van y vienen, unos nos invitan a vivir contentos,
otros son lúgubres, también hay los que recuerdan que entre las ruinas de las
circunstancias se encuentran los materiales con que se puede construir una nueva vida. El
mundo está lleno de amor y dolor, de desesperación y fuerza, hay vida y misterios por
doquier y ¿qué mejor lugar para describir todo esto que el mundo en que vivimos?
El escritor tiene mucho trabajo por hacer. Hay en sus escritos aventuras variadas y
fascinantes, historia, cultura, guerras, temas acerca del tedio de los pueblos, de sus
arideces, del hecho simple de estar vivo, de lo que representa la pequeñez del hombre
que se desconcierta ante el paso del tiempo, sin encontrar un espacio dónde abandonar
su triste soledad.

Hay infinidad de temas para llevar a un libro: Relatos, anécdotas, los beneficios del campo
dando sus frutos, la tierra generosa que no cesa de alimentarnos, el eterno concierto de
las estrellas, el aniquilamiento de los pueblos, el esclavo cuyas necesidades y hambre lo
llevan a arrastrase a los pies de su verdugo, siempre habrá la manera de describir los
hábitos del pájaro, los de la luna, del aire y también de las tormentas de la dura lucha que
libra el hombre por sobrevivir cuando las circunstancias le son adversas. Cobija es en la
calle el viento para los que no tienen nada, vendaval que los arrastra como hojas secas
que van de aquí para allá, cansados de la indiferencia de la sociedad y de los políticos,
cansados también de mirar lejanías que se alargan y se pierden en la distancia como se va
alargando la espera y esfumando de su corazón la última esperanza…

Es el hoy para los que escriben todo lo que tienen para hacer, mañana nada puede
decirles ni asegurarles, mañana es solo un adverbio de tiempo.
Nada es más placentero que hallar un refugio cuando nos azotan las tormentas. Poder
expresar libremente nuestros ideales, nuestras creencias y pensamientos, incluido el
deseo de dedicarnos un tiempo a nosotros, de estar solos y hacer lo que nos gusta.

Lalocura de escribir es la libertad que se tiene de elegir qué temas desarrollar en soledad,
bien sea un tema general o la elección de dedicarnos un pedazo a nosotros mismos: “Hoy
quiero oír la sonata en mi refugio de las flautas nocturnas del silencio, quiero que aúlle el
viento en mi ventana hasta que cierre sus pétalos la noche. Hoy quiero tener la compañía
en mi refugio de la suave lumbre de un cocuyo y allí sola con mi fe y mis ensueños poder
pulir sin prisa las hojas de mi otoño”.

No importa lo que se haga sobre cuadernos u hojas en blanco, importa cuánto amor, fe y
voluntad se ponga en lo que se hace. La delicia más grande al escribir es poder entrar en la
mente de otros y compartir lo escrito. En este campo estamos expuestos al halago y a la
crítica como lo más natural del mundo. Se puede ser original si se sabe descargar
libremente lo que se lleva dentro. Somos alumnos de la vida, se necesita tiempo, mucha
dedicación y experiencias para en algún momento ser el maestro. No hay cansancio ni
rendición posible cuando se quiere llegar lejos en el campo de las letras. Es necesario ser
como los juncos que crecen a la orilla del río, los que por mucho que el viento los azote,
podrá doblarlos, pero nunca quebrarlos.

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