#OPINIÓN Al Revés #24Ene

José Enrique Arévalo | Ilustración: Victoria Peña |

Llegamos a este mundo, mediante el padre, riendo en un ataúd,
y nos recibe, con mucho sentimiento, llorando una multitud.

Desde niños, el sistema nos enseña a ser diferentes,
y los mayores nos prestan atención, porque nuestras ideas son más inteligentes.

En clases tenemos una materia llamada “Sueños”,
y la religión nos dice que de nuestra vida somos los dueños.

La familia nos enseña que el tiempo es muestro mayor tesoro,
y todos nos damos cuenta que el amor vale más que el oro.

En “la ley del embudo”, el pueblo es el más beneficiado,
y ya no damos limosnas, porque en la calle no hay necesitados.

El poseer dinero no define el estatus de las personas,
y se considera rico a quien a alimenta a sus neuronas.

La mayor política es la educación, el trabajo y la equidad,
y la única religión es el amor, la paz y la unidad.

En la sociedad no existe “la ley del más fuerte”,
y en nuestro léxico, a la palabra “corrupción” se le dio muerte.

La delincuencia, la pobreza y los asesinatos sólo son vistos en películas de ficción,
y en la calle se puede caminar de noche sin ninguna restricción.

Como jóvenes nos sobras las oportunidades económicas y sociales,
y en la adultez tenemos la facilidad de satisfacer nuestras necesidades.

Llegamos a la vejez haciendo valer la edad dorada,
y tenemos la tranquilidad de que no nos faltará ayuda, medicina, comida ni nada.

Hasta que surge el momento que esperamos con ansias todos los días,
y podemos volver al padre, mientras que todos comparten nuestra inmensa alegría.

José Enrique Arévalo

@interkike7

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