#OPINIÓN Por la puerta del sol (23): Persuadir es un arte, obligar una torpeza #9Mar

Amanda Niño de Victoria | Foto: Archivo IMP |

El hombre que se apodera del poder y utiliza la fuerza de las armas para obligar a que se acaten sus órdenes, no ha sabido nunca utilizar con argumentos válidos la persuasión para someter la voluntad de un pueblo amante de la libertad y por ende el que nunca aceptará ser sometido a la fuerza.  No todos los dirigentes tienen la capacidad de persuadir y convencer a otros con fundamentos en la mano, con lógica y razón, mediante el uso de las palabras como lo hacen los grandes líderes  para que lo sigan y decidan todos unidos, lo que conviene a todos.

Nuestro alrededor está saturado de propaganda política, de consumo y milagrosas fórmulas para hacerse rico, inmortal o famoso, todo esto está relacionado con la persuasión. Reinas, deportistas, chefs, restaurantes o personas que han sobresalido, tienen reconocimientos, se han destacado por sus dotes físicos, sus habilidades y personalidad. Gracias a sus dones son ellos los más utilizados por marcas importantes, por restaurantes, hoteles, líneas aéreas, sitios turísticos, negocios y empresas etc., debido al gran poder de persuasión que tienen al presentar los productos que publican. 

Para persuadir se necesita manejar con inteligencia el arte de la palabra que invita a pensar en la conveniencia de hacer esto o aquello. De allí parte la razón de que una exposición bien manejada seduce, ¿por qué? Porque el arte de convencer es más emocional que racional frente a lo ofrecido.  Solo un experto en el arte de influir sabe poner en acción sus estrategias persuasivas, para ganarse la confianza y credulidades humanas.

La estrategia de los déspotas se apoya en la mentira, en la amenaza, en la fuerza, el chantaje y el miedo que le pueden ser efectivos solo por un tiempo. Los pueblos que han progresado en libertad y se sienten bien con su gobernante, lo son porque la persuasión de este ha sido buena, inteligente y palpable.

El arte de las tiranías es oprimir, desmoralizar y negar al pueblo todos sus derechos y libertades. Le quitan fuerza, lo desaniman y entristecen. Pero como nada es eterno, basta con que aparezca un líder inteligente para que un pueblo triste y deprimido recobre el ánimo y se lance al rescate de lo perdido. El entusiasmo contagia, lleva a hacer grandes cosas, a romper las cadenas y vencer al enemigo. Los líderes brotan del mismo pueblo que sufre, son esa especie de ángeles que llegan y entusiasman para que salgan todos de su amodorramiento y luchen por sus derechos.: “Nuestra sonrisa no solo es de resistencia, sino porque tenemos la certeza de que volveremos a ser felices. Aquí nadie puede cansarse, nadie puede rendirse. Hemos despertado para más nunca dormir” (Juan Guaidó)

Al escuchar hablar a un líder, captamos de inmediato que éste concentra su discurso en las emociones, utilizando la ley del equilibrio, de la lógica y de los sentimientos de una manera inteligente, conoce la persuasión y la utiliza sin coaccionar, sabe ganar sobre otros convenciéndolos. El líder necesita de mucha inteligencia y razón para justificar lo que busca en sus seguidores y saber lo que ellos esperan de él.

Antes de la invención de la retórica, en Grecia se conservan los escritos en los que ya se debatían las ideas, se expresaban los sentimientos y el uso de los argumentos persuasivos hacia un público altamente consumidor. Homero utilizaba a la perfección las palabras a través de sus poemas históricos en los que no faltó nunca la persuasión.

…No importa lo lento que vayamos, mientras no nos detengamos, llegaremos lejos.

Amanda Niño de Victoria

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