#OPINIÓN Desde aquí (26): Actuar es mejor que esperar #30Mar

Amanda Niño de Victoria | Ilustración: Victoria Peña |

“Estoy harto de perderlo todo”, frase que se escucha a cada instante en Venezuela, en cuyo trasfondo se oculta la gran realidad de una tierra en la que los ciudadanos están cansados de no encontrar un camino, de ir y venir sin la esperanza de hallar un futuro en el que tenga derecho a desarrollarse, trabajar, tener paz, seguridad, respeto, salud, comida  y tranquilidad.

Actuar es mejor que esperar. No basta soñar el futuro, es necesario luchar por él hasta alcanzarlo. Una vez logrado es justo que se reconozca el mérito y se dé apoyo a quien se ha preparado para tener calidad de vida. El hombre es un ser social, como tal la existencia de este depende de su trabajo en cooperación con los demás.

Siendo tan oscuro el horizonte de  un país en crisis, para aclararlo se necesita un cambio total en todo lo que es su estructura moral, política, educativa, de orden, económica, social etc., y en este campo el paso más largo es el primero que se da. Los años vuelan y no se pueden desperdiciar en esperas inútiles, la gloria pasa rápido como la luz última del sol. Más que la gloria lo que vale y pesa es el fruto de lo que se siembre en la vida: capacidad, sentimientos,  educación, conciencia, esfuerzo, dedicación. No hay nada más frustrante y desolador para una nación llena de sueños que sentir que le amputan el espíritu para impedir que vuele libre.

Actuar es mejor que esperar. Cuando se asume un compromiso nunca se debe perder de vista aquello por lo que se lucha. El hombre debe estar consciente de que aquello que no sirve, lo que salga de allí de nada servirá. Elegir el camino a seguir como elegir un gobernante es algo que se debe pensar con cabeza fría y analizarlo antes de dar un paso que lo lleve a lamentar después de haberlo dado.

Cuando en un país pesa más la ideología política que la educación como herramienta de control, se viene abajo toda la estructura, arrastrando en su caída, valores, principios, autonomía y todo lo que sobre ella se haya edificado. De allí la gran verdad de que si uno no lucha por lo de uno, nadie más lo hará. La lucha del hombre por sus derechos es sin tregua ni pausa. Cuando se está lleno de planes y esperanzas no se debe dar cabida a la decepción ante las dificultades ni rendirse. Avanzar lleva lejos, quedarse parado es entregarse a un futuro incierto y descolorido.

Actuar es mejor que esperar. A lo largo de la vida tenemos que enfrentar batallas y retos de los que aunque no siempre salimos victoriosos, lo importante es no darse nunca por vencido. No basta soñar el futuro, es necesario luchar por él hasta alcanzarlo. Velar por la educación y cuidarla, vale tanto como cuidar la tradición y herencia de nuestros mayores, cuidar los recuerdos  y la libertad que nos legaron nuestros héroes.

La vida va y viene incesantemente entre aciertos y desaciertos, entre penas y alegrías; lumbre es la ilusión, sombra el desencanto, sin tregua se agitan las ideas, las pasiones y los sueños. Son floridos los sederos que guarda la esperanza, aunque el olvido circunda musculares recuerdos, el hombre busca laureles entre signos de regreso y libertad, hinchado su corazón como vela al viento, el arpa de sus nervios vibra sola, la libertad adorna la frente de la aurora de tiempos que ya dejan escuchar los ecos de sus trompetas  y entre ondear de banderas el Gloria al bravo pueblo…

Cóndores ya se alzan libres hasta el umbral del cielo. ¡Honor a tu gloria por siempre inmarcesible amada Venezuela!

Amanda Niño de Victoria

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