#OPINIÓN La ruta de Dios #21Abr

Jorge Euclides Ramirez | Ilustración: Victoria Peña |

A lo largo de la historia el hombre ha enfrentado el miedo, la rabia, la impotencia como obstáculos para el logro de su paz espiritual. Siempre sus luchas han tenido como barreras existenciales los temores y las necesidades, en su mayoría generadas por enfrentamientos entre nosotros mismos, al no entender que la ruta individual hacia la felicidad es una motivación que deja de lado la realidad de los grupos a los cuales pertenecemos y que sin un avance común nuestros pasos inevitablemente conducen al egoísmo que es causa fundamental de las confrontaciones entre humanos.

Conociendo a profundidad nuestra esencia Jesús nos habló del Amor como vía universal para la salvación. Nos dio el máximo ejemplo que se puede dar como enseñanza, por amor a nosotros dio su vida, soportó el martirio de los azotes y sufrió hasta el desmayo la crueldad de quienes vieron en él un obstáculo para el mantenimiento de su poder terrenal, cuando el solamente quería redimir a todos haciéndonos ver que el espíritu es inmortal y debemos preservar su pureza durante el tiempo de la existencia como hombres finitos.

En estos días de semana santa cuando la pobreza y la angustia es asfixiante los venezolanos debemos encomendarnos al Espíritu Santo para que  nos de fuerza y podamos unidos y con fe solucionar  problemas graves que llevan varios lustros instalados en nuestra vida cotidiana. No hay caminos fáciles ni lideres providenciales para esta lucha, todo está en nosotros mismos, en la capacidad que tengamos de sobreponernos a la adversidad con ánimo de triunfo, para ello busquemos lo positivo que nos rodea y construyamos bastiones morales en nuestros entornos, con nuestros familiares, amigos y vecinos, con líderes sociales y políticos que se esfuerzan de buena fe en abrirle opciones al rescate del país.

Recordemos un trocito de la carta de San Pablo a los Corintios:” Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,

No procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

No se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

 Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá. Pero el amor no pasara jamás.”

Entendamos que no hay angustia ni pena tan profunda que no pueda superarse con la confianza en Dios. No se trata de mojigatería, es simplemente establecer conexión      con las energías positivas que moran en el topus uranus de la armonía cósmica. Oremos  entonces con Santa Teresa de Avila

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tienen nada le falta, solo Dios basta.

Jorge Euclides Ramirez

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