#OPINIÓN Buena nueva: Reacción rápida #5May

Isabel Vidal de Tenreiro | Foto: Archivo IMP |

Jesús resucitado sorprendió varias veces a sus Apóstoles y discípulos, apareciéndoseles de las maneras más inesperadas. Una de estas apariciones, la tercera, fue en la playa del Lago de Tiberíades (Jn. 21, 1-19). Estaban siete de ellos en una barca, regresando de una noche de no haber pescado nada. Y, al amanecer, “alguien” les dijo desde la orilla: “Muchachos, ¿han pescado algo? … Echen las redes a la derecha de la barca y encontrarán peces”.

En primera instancia, no lo reconocen. ¡Cuántas veces nos habla el Señor a nosotros desde la orilla y no le reconocemos! Nos pasa como a los Apóstoles. Sin embargo, ellos hicieron caso. ¿Y nosotros? ¡Cómo despreciamos las instrucciones del mismo Dios! Y -peor aún- cuántas veces nos damos el lujo de decirle que no o le ponemos dificultades, diciéndole que mejor dejamos el asunto para otro momento.

Pero el Señor siempre está a la orilla, esperándonos, esperando que nos desocupemos de “nuestras cosas”, esperando que le reconozcamos, que oigamos su voz y atendamos sus instrucciones.

¡Cuántas veces nos desgastamos pescando por nosotros mismos en el mar de nuestras actividades y preocupaciones diarias, de las presiones del trabajo y de estudio, sin escuchar al Señor y sin aprovechar su voz que nos guía! ¡Cómo se nos olvida que debemos buscar primero el Reino de Dios y que todo lo demás se nos dará “por añadidura” (Lc. 12, 31). ¡Todo lo demás se nos dará como bonificación extra!

No siempre Dios interviene de formas que podamos decir sean milagrosas, como esa pesca de los Apóstoles. Pero Dios siempre está presente y si nos fijamos bien, nos suceden una serie de “coincidencias”, que son como pequeños milagros en que –si no prestamos atención- no podemos darnos cuenta de que es Dios actuando. Nos ponemos como ciegos a la acción de Dios. Es que todo lo demás que no es Dios nos abruma de tal manera, que no podemos ver las manifestaciones de Dios en nuestra vida.

Pero … volvamos a los Apóstoles. El hecho es que Juan, el más joven, el discípulo amado, se da cuenta de quién es el hombre en la playa: “¡Es
el Señor!”.
Y San Pedro, el impetuoso, le pareció que para ver de nuevo a Jesús Resucitado era demasiado largo el tiempo que tomaba llevar la barca a la orilla … y saltó al agua.

Y nosotros ¿le damos larga a nuestros encuentros con Dios, porque tenemos encuentros más interesantes o cuestiones más importantes que hacer? ¿O reaccionamos de inmediato? ¿Nos apuramos y saltamos rápidamente, para encontrarnos con El Señor en la oración, en la Comunión, en la Confesión?

¿Podemos demostrar la Resurrección de Cristo?

Ver Resurrección ¿Fe o ciencia? ¿Fe o Historia?

Isabel Vidal de Tenreiro

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