#OPINIÓN Caroreño que saca cuentas, fracasa #9Jun

Jorge Euclídes Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Esta paradoja, incongruencia y desatinado mal consejo, tomado del manual de la anti gerencia de mi gran amigo Cecil Álvarez tiene una explicación muy sencilla y sabía. Se  nos está diciendo con esta frase abrupta y bizarra que el éxito caroreño nació del esfuerzo de perseguir sueños cuando las previsiones del cálculo y de la lógica indicaban desistir de los empeños quijotescos.

Si alguien quiere confrontar este aserto bastaría llevar a gráficos las descripciones que hizo Joseph de Tarbe hace varios siglos y compararlos con los actuales paisajes agrícolas que le sirven de entorno a nuestra ciudad. De esta forma podríamos observar de manera clara como en el marco de una geografía árida  por una parte y cenagosa por la otra, el caroreño construyo una zona productiva que se ha convertido en una referencia nacional.

Nos dieron una tierra para criar chivos y para no someternos a los imperativos climáticos que trazaban un futuro de honorable pero precaria condición campesina, inventamos una  raza lechera mediante un gesto osado dentro del cual desterramos los riesgos y los cálculos. Si en sana lógica se hubiese actuado en ese entonces y no se desafiara al destino, ahora no habría  Raza Carora. Recuerdo de la entrevista que le hice algunos años atrás a Don Manuel Oropeza , hombre bueno, sabio y trabajador que antes de subir al cielo ya era santo, la imagen que nos dibujo verbalmente de Teodoro Herrera  Zubillaga, en alpargatas, con el desayuno en una bolsita, olvidado de todas las comodidades que podía tener para estar dedicado en cuerpo y alma a cuidar unos animales pardozuisos que tenia alojados en el solar de su casa como si se tratara de unos príncipes orientales a quienes debía cuidar con el esmero de una nodriza. La Raza Carora se fundó sin cálculos, contra la lógica, por un empeño del corazón, por la audacia de  abrirle un boquete a la lógica con el empuje de los sueños.

Hace algunos años la Raza  Carora estaba a punto de desaparecer a causa de una cadena de veranos que la hicieron antieconómica para criarla en nuestra zona. Varias haciendas decidieron deshacerse de sus rebaños. Un joven ganadero se opuso con vigor a este acabose. También de esto tengo registro periodístico en una entrevista que le hice a  Mario Oropeza Riera. Me dijo que tener esos animales era mal negocio y que en Sicarigua se había decidido salir del rebaño pero que su hijo Mario José Oropeza se había opuesto por  “romanticismo”. Hoy día  este rebaño es la piedra angular de la Raza Carora, un negocio estupendo porque todo el mundo demanda animales de esta raza. .

Pero no se crea que con la Raza Carora se terminan las geniales locuras económicas del caroreño. Resulta que en el Municipio Torres existen los dos únicos centrales azucareros de  zonas semiáridas de Venezuela  y no es  solamente que existan y funcionen sino que uno de ellos El Pastora, es uno de los más eficientes del país.

Todo empezó cuando se reunieron unos ganaderos y decidieron sembrar caña  para hacer papelón y no conformes con eso le dieron y le dieron, a lo largo de varias generaciones, hasta procesar un azúcar de alta calidad y de los pocos que sirven para repostería.

La conversión definitiva entre la manufactura artesanal y la gran industria fue obra de un hombre que también lucho contra los cálculos, Manolo Riera, quien movido por un gran anhelo empresarial logro asociaciones estratégicas de los caroreños con los grandes industriales del azúcar y con ello sentó las bases para el crecimiento y consolidación del Central Pastora

Actualmente hay una carga de nuevos talentos y esquemas gerenciales para continuar estas luchas caroreñas que nunca terminan. Luchas que actualmente se han concentrado en la supervivencia para resistir la devastación económica que el comunismo le ha causado al país. Pero allí, dentro de incertidumbres borrascosas, el sentimiento caroreño se mantiene firme y empeñoso.

Buen ejemplo es el propio Cecil, se aplicó su propio consejo y contra todo cálculo se hizo hotelero exitoso y a contracorriente de la mala situación y con el apoyo de Yuyita, su esposa, y  sus hijos la mantiene como una referencia de hospedaje de excelencia turística. Dios con nosotros.ç

Jorge Euclídes Ramírez

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