#OPINIÓN La Dignidad: ¡Juan Requesens! #11Ago

Miguel Peña | Ilustración: Victoria Peña |

Hace un año fue secuestrado, sacado de su residencia por la fuerza, mediante el uso de la violencia, el diputado Juan Carlos Requesens Martínez. Junto a él, su hermana, Rafaela, quien un par de horas después fue liberada, porque el objetivo político estaba muy claro: callar la voz irreverente y altisonante de uno de los parlamentarios y líderes políticos mas vehementes y determinados que hay en el escenario nacional actual. El objetivo era neutralizar a Juan.

A la fecha, tiene 30 años de edad y dos hijos, y a pesar de su juventud, tiene un recorrido trascendental en el acontecer político nacional. Fue presidente de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad Central de Venezuela, candidato a gobernador en el estado Táchira y actual diputado a la Asamblea Nacional, desde donde ha desempeñado un rol protagónico y determinante en todo lo que ha sucedido en Venezuela durante los últimos cuatro años. El país entero recuerda a Requesens al frente de las múltiples manifestaciones que se produjeron en 2017; nadie olvida la ocasión en que por pocos milímetros no le vacían un ojo al recibir un golpe siendo víctima de la violencia del paramilitarismo de Maduro; también recordamos la impotencia de ver cómo un oficial de la represión lo arrojó en una alcantarilla en medio de una protesta. Aún veo en mi mente las imágenes del día en que se subió a la cerca que instalan los órganos represores cuando quieren impedir que una manifestación avance. Lo hizo con naturalidad y sin miedo, con un arma al que toda dictadura teme: un parlante para hablarle a quienes le seguían.

Son muchos los episodios en que recordamos a ese aguerrido y valiente luchador, poniendo el pellejo y dando la cara en nombre de millones de venezolanos que sufren la desgracia que padecemos en Venezuela. Pero hay un recuerdo especial que quedó marcado en la memoria y el corazón de esta nación. Se trata del contundente discurso del diputado Requesens desde la tribuna de oradores del hemiciclo de la Asamblea Nacional en el Palacio Federal Legislativo, apenas horas antes de producirse su secuestro.

Como por cosas de Dios, así como cuando suceden episodios increíbles con personas que están por despedirse de este plano terrenal, Juan pronunció un discurso casi profético antes de convertirse en preso político, en el que denunciaba la persecución que sufría el diputado José Manuel Olivares y que muy pronto también le quitaría a él mismo su libertad. En ese discurso pronunció frases como “Yo me niego a rendirme…”, que ahora es un lema de la lucha de quienes somos sus compañeros. Y como si supiera lo que estaba por ocurrir, dijo “hoy yo puedo hablar desde aquí, mañana no sé”. Acusaba el irrespeto a la familia, en referencia a los señalamientos contra la esposa de Olivares, así como a la familia de cada venezolano que perdía un familiar asesinado en protesta, por la inseguridad o por la falta de medicinas.

Tantas verdades pronunciadas en una misma intervención, que no excedió los quince minutos, le costaron a Juan el ensañamiento de toda la fuerza represora del madurismo. Apenas horas después, funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), lo sacaron de su edificio en Terrazas del Club Hípico, en Caracas, para torturarlo y obligarlo a grabar un video en el que se auto incriminaba por participar en un presunto intento de “magnicidio”, en el que explotó un dron cerca de la tarima donde hablaba Maduro en una parada militar.

No voy a perder mi tiempo escribiendo sobre la inocencia de Requesens y las acusaciones que le hace el régimen o si el hecho fue un pote de humo. Ni siquiera su propia gente se cree el cuento de que Juan sea el responsable. Al contrario, mi intención es exaltar la dignidad, el espíritu y la fuerza de un hombre inquebrantable e indoblegable como Juan Carlos. El día del famoso discurso, él mismo afirmaba que todo lo que estaban haciendo contra Olivares, tenía un solo objetivo y era quebrar la moral de José Manuel y de su familia, pero también señalaba que no lo iban a lograr porque “…nosotros vamos a seguir haciendo todo lo que tengamos que hacer para lograr lo que toda Venezuela quiere, que es sacar a Nicolás Maduro del poder”.

Quizás quienes planearon su secuestro pensaron que esas palabras eran simple retórica, que se las llevaría el viento y que una vez privado de su libertad, iban a lograr destruir su moral y obtener su obediencia. Pero créanme cuando les digo que no ha habido semejante equivocación por parte del régimen. No ha existido una cuenta peor sacada que esa. Porque no solo fracasaron en el intento de callar su voz, sino que fortalecieron un espíritu de lucha incansable y no solo de Juan, sino de su familia, de su valiente hermana, de sus compañeros y de todos los que acompañamos y compartimos la causa de la cual es y seguirá siendo militante hasta que logre el objetivo de devolverle la libertad a nuestro país.

Nunca voy a olvidar que días después de su secuestro se filtró un video en el que, en ropa interior, lo exhibían como presa de caza. Las condiciones en que se encontraba son difíciles de soportar para un hombre en su sano juicio. Semidesnudo, dócil, sumiso y lleno de su propio excremento. Una sola cosa querían hacer: destruir su dignidad. Pero no te hace daño quien quiere, sino quien puede. A Juan Requesens lo pueden mostrar en el peor de los estados y aún así el país entero lo seguirá respetando, admirando y apoyando porque la dignidad no se puede reducir a un video en el que fuiste obligado a hacer o decir algo mediante amenazas, torturas o cualquier acción vejatoria. La dignidad de un ser humano es un valor que se lleva en el alma y el corazón. Un valor del que no conocen quienes no tienen convicciones ni amor por su nación y su pueblo. La moral de un hombre cuyos principios guardan estrecha relación con sus acciones, no es derrotable por quienes no tienen la fuerza para sostenerle la mirada a sus hijos o esposas y justificar ser los verdugos de su futuro.

Hoy, Requesens y su lucha siguen vigentes, aún después de un año desde que está secuestrado. Es físicamente un preso político, pero su conciencia es más libre que nunca. Hoy está fuerte, con mucha más determinación y, sobre todo, está claro del papel que le toca jugar en este momento. Los grandes líderes entienden que a veces les toca sacrificar mucho por la causa que defienden y a Juan le ha tocado ofrendar su libertad individual a cambio de que pronto llegue la libertad colectiva.

Gracias por tu entrega y por ser inquebrantable, Juan Requesens. Yo también me niego a rendirme. ¡Nos vemos pronto en libertad!

Miguel Peña

@MiguelPenaPJ

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