#OPINIÓN Gaveta azul: Hazañas deportivas (Tobillos de acero) #24Ago

Pedro J. Lozada | Ilustración: Victoria Peña |

Una hermosa  espiga de 1,92 de estatura, Yulimar Andrea  Rojas, dueña de unas piernas interminables es la primera atleta venezolana poseedora de un  campeonato mundial. En la dura y difícil prueba del salto triple marcó 15,43 metros para romper  el registro anterior en pista bajo techo. Yulimar está a siete centímetros del registro absoluto  de 15,50.

El salto triple es una prueba difícil y exigente. Se trata de una secuencia iniciada con un brinco, sigue un largo paso y culmina con el salto. La dedicación a esta  práctica atlética requiere condiciones físicas y  fenotipo muy especiales, en particular “tobillos de acero”, característica en la que insisten todos los entrenadores de la especialidad.

El salto triple ha dado al atletismo grandes satisfacciones.Venezuela obtuvo su primera medalla olímpica cuando Asnoldo Vicente Devonis hsaltó 15,52 metros (Medalla de bronce/Halsinki-1952). Esta marca a mediados del Siglo XX en triple salto masculino y el registro alcanzado por Yulimar Rojas como campeona mundial en triple salto femenino, muestra los avances en técnicas de preparación, diseño, materiales y confección de ropa y calzado, y también dc los materiales y el acabado de las pistas.  Son mejoras y avances que se traducen en centésimas de segundo y al sumar unas y otras pasan a décimas menos en la carrera.Las pistas sintéticas permiten menor resbalamiento, más fuerza impulsora y una mayor velocidad final cuyo resultado es el incremento de longitud en el salto.

Dentro de poco tiempo, después de superar las consecuencias de la pandemia iniciada en  Noviembre del 2019 en la ciudad china de Hunan y extendida luego por el mundo entero, las actividades suspendidas tomarán su ritmo y continuidad. Será el momento en que Yulimar Rojas retornará a las pistas y el registro absoluto del triple salto femenino en una cifra de asombro, ostentará su nombre por muchos años. Sus “tobillos de acero” tienen la dureza suficiente y ella la voluntad y decisión de lograrlo.

Las hazañas deportivas se presentan  a varios niveles, en deporte escolar, categorías infantiles y juveniles de los deportes de equipos, o práctica individual (Atletismo, Boxeo, Pesas, etc) en certámenes periódicos de juegos regionales, continentales,  mundiales de las diversas especialidades deportivas, y la cima olímpica.

 Como toda actividad en la que aparece un ganador,  otorga prestigio  y  genera una repercusión en la proyección  social,  extensión de su influencia y volumen mediático  de acuerdo  a la altura del nivel donde se obtenga el triunfo, el nuevo registro o  la medalla.

No obstante vale precisar  que  calificar de hazaña a una perfomance deportiva no significa solo triunfar, ganar una medalla o establecer una nueva  marca. La hazaña puede ser apenas un  destello y su valor dependerá, entre otros  factores,del logro obtenido.Cómo fue posible –circunstancias, obstáculos, detalles. Cuándo ocurrió. Porqué sucedió, y algo tal vez de mayor peso e importancia: El agente calificador. Un país conmovido, orgulloso y celebrante; una institución  respetada. Unacadena mediática.

Ejemplo de  hazaña deportiva  sin  triunfo, ni medalla alguna, reconocida como tal en el tiempo, y de alto valor simbólico,ocurrió hace 72 años,con el mundo ocupado en la  etapa inicial de la post guerra. Europa en particular comenzando a reconstruir y reparar los desastres causados por el conflicto bélico. Un Londres aún con hambre, carencial de muchas necesidades, acudió de nuevo al frente para mostrar el temple inglés tantas veces probado y montó la Olimpíada de 1948. No pretendían el brillo o la atención que poco tiempo después alcanzaron las olimpiadas.Fue un hito histórico de elevada significación. El símbolo de la fraternidad fluyendo en la llama de la antorcha.La honrosa confrontación de la competencia. La  camaradería  y amistad  delos pueblos reflejada en la alegre inter-relación de nacionales procedentes de todos los rincones del planeta, saltando sobre  barreras idiomáticas, muros culturales y prejuicios particulares.

Ahí se hace presente un hombre y su máquina, una modesta bicicleta de carrera puesta a punto por él mismo con la ayuda de su caja de herramientas. Julio César León, ciclista venezolano llega a participar en los Juegos Olímpicos. Se presenta  solo, no fue posible obtener ayuda oficial. La federación le negó permiso para asistir. Fue el primer  obstáculo a superar. No tenía dinero para el viaje  y se las  arregló para conseguir en la Embajada inglesa un empujón hasta Londres en un avión “lechero”. Por una casualidad señaló al funcionario que  su esposa se quedaría  y la repuesta fue, “si quiere ir no hay problema” y le ofreció puesto para otro acompañante. León  lo aceptó para su entrenador.

El deporte en el país significaba tal vez una diversión ingenua y apenas lo hacía visible en forma organizada, los juegos Shell y el incipiente campeonato de  béisbol profesional iniciado dos años antes.Los juegos Shell fueron una contribución de peso al progreso del deporte en el país. En las delegaciones deportivas de Venezuela a competencias internacionales  nunca faltaban atletas formados en los juegos de la famosa compañía, y eran de los más destacados, como el “Chapi” Leiva, David Bell, Devonish.

En general la actividad deportiva organizada era muy pobre, un hecho que pesó demasiado en las aspiraciones de Julio César León. Creo que ni siquiera promesas  le ofrecieron  al plantear su viaje.No podía obtener prioridad en un país con tantas carencias, luchando contra la malaria y otras enfermedades tropicales;despoblado, con un alto índice de analfabetismo y desfasado en el tiempo respecto al resto de Latinoamérica.

Cargado de todas las negativas burocráticas existentes más las forjadas en los difíciles años de la segunda guerra mundial, Julio César seguía  empeñado en su propósito de participar  en los juegos olímpicos de Londres. Se enfrentó a todos los muros de contención que encontraba en sus gestiones de viaje sin  cejar en su propósito y contra toda circunstancia  logró  ir a Londres, a última hora lo inscribió en forma  oficial el Comité Olímpico Venezolano, organismo  al que desde un teléfono prestado pidió ayuda.

Faltando horas para la  inauguración de los juegos no tenía bandera venezolana para el desfile. Compraron un metro de tela de cada color de la bandera y su esposa  cosió los trozos y  ensamblaron el improvisado tricolor en un palo de escoba.

Julio César León corrió el kilómetro contra reloj y la velocidad pura. Después de tantos inconvenientes y angustias, hasta  comer muy mal: (“Londres  padecía de muchas cosas, y la alimentación era muy escasa”) su rendimiento estuvo  por debajo de sus números habituales y en velocidad donde el contrincante salía por sorteo, le tocó competir con el representante de Italia, el campeón mundial de la especialidad.

Su modesta actuación tiene un valor incalculable que sentimos acrecentar con los años y puede catalogarse sin duda como una hazaña deportiva muy especial. Con la misma voluntad de afirmación que en la segunda guerra mundial desplegó el General De Gaulle encarnando a Francia, Julio César León, ciclista venezolano encarnó plena e integralmente a su amado país. Él fue nuestra primera delegación olímpica. Él fue VENEZUELA. Su tenacidad doblegó todas las dificultades y ese empeño más la voluntad de no dejarse vencer es una de las  grandes hazañas deportivas del ciclismo  venezolano en la persona de un competidor de primera clase: Julio César León.

Pedro  J. Lozada

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