#OPINIÓN Del Guaire al Turbio: Violencia #24Mar

Alicia Álamo Bartolomé | Ilustración: Victoria Peña |

Cuando una mujer asesina o manda a asesinar al hijo que lleva en su vientre, comete un acto de violencia muy superior a la paliza que le da su marido. Elimina un ser humano que venía con cualidades para cumplir una misión en el planeta, tal vez un científico, un artista, un técnico, un deportista, un santo. También podría venir un delincuente, un sádico, un violador pero, ¿Quién lo sabe o lo puede averiguar? Una golpiza marital se queda en eso, puede hacer mucho daño en órganos vitales, por supuesto y se debe denunciar, pero también habría que denunciar el crimen contra el feto, que es peor. Se trata de una violencia con el más inocente de los seres que no se puede defender. El victimario tiene todas las ventajas, quirófano, medios quirúrgicos, asistentes, ahora hasta leyes que lo amparan…, la victima ninguna, las que lo defendían, están siendo abolidas. ¡Qué progreso para el mundo la legalización del infanticidio!

Los abortista dirán: el feto no es nada, una cosa. La ignorancia no es un argumento válido. Infórmense: el padre de la genética moderna, el sabio francés Jerõme Lejeune tiene mucho que decirles; lo mismo el famoso Rey del Aborto, Bernard Nathan, que cayó en cuenta el horror que había hecho practicando 80.000 interrupciones de vida. En el óvulo fecundado está ya un ser humano con su código genético completo. Una de las maravillas de la Creación de Dios. De manera que ese individuo ya no pertenece a la madre, ella sólo es su tutora para protegerlo, alimentarlo y educarlo hasta que llegue a la edad adulta y pueda valerse por sí solo. Ni padres ni madres son poseedores de una vida, sino depositarios responsables para su desarrollo.

El homicidio es un delito en cualquier legislación del mundo y el aborto provocado es un homicidio. Algunos dicen que en el caso de violación estaría justificado porque la presencia del fruto de ésta sería un recordatorio perenne de la violencia padecida. Yo digo que al trauma del estupro se agregaría otro inolvidable: haber matado al hijo. Este es siempre una bendición. El instinto maternal desarrolla afectos e intereses que atenúan, si no borran, los recuerdos adversos. Un niño redime, restaura valores. Un asesinato nunca.

Otro alegato es el económico. Una familia paupérrima no puede tener un hijo más. A un médico católico chino se le presentó con este motivo una embarazada. Iba acompañada de una hijita de unos 7 años. Drástico como todo buen asiático, el galeno le dijo: ¿Y por qué no matamos a ésta que le produce más gastos? La mujer desistió espantada. Con este pretexto de gran pobreza no hubieran nacido Juan Pablo II ni Cristiano Ronaldo. La madre del futbolista tuvo la gracia de consultarle a un médico creyente que la disuadió, ¡y miren quién vino a sacarla de su precaria existencia!

Para otros el aborto es indispensable cuando la mujer encinta ha sido sometida a rayos X o si padece ciertas enfermedades como la rubiola. Seguro que los hijos vendrán anormales, hay que abortar. Ni tan seguro. Conocí a una enfermera con su hermoso hijo en brazos que había sufrido esa radiación, pero no quiso interrumpir el embarazo. También he conocido

madres que se arriesgaron y tuvieron vástagos sordomudos o con otro síndrome lamentable, pero esos niños se convirtieron en seres útiles con sus limitaciones, hasta en centros de un hogar donde reinó el cariño y la solidaridad. Nadie puede asegurar qué y como será el niño por nacer. Lo que sí es seguro, es que allí hay un hombre o una mujer completos que lucharán por sobrevivir y ser alguien en el concierto de la humanidad.

Un médico en la universidad expuso el caso de un niño que venía de padres pobres con tuberculosis, sífilis, alcoholismo y otras calamidades. Los estudiante opinaron: ¡aborto! Sentenció: Acaban de matar a Beethoven.

Un último caso del cual acabo de enterarme, me encanta y de cierta manera me roza personalmente. Hace unas 5 o 6 decenas de años una señora sufrió de rubiola justamente en las semanas más peligrosas de su embarazo. Entre 14 médicos consultados sólo 4 opinaron por no interrumpir éste. La dama, católica practicante, también decidió seguir adelante. Tan anormal no salió el varón: hoy es mi médico geriatra.

Alicia Álamo Bartolomé

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios

Comentarios