#OPINIÓN Doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza (Parte V) #3May

Luis Eduardo Cortés Riera | Ilustración: Victoria Peña |

Doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza, 1882-1922
Científico, educador y feminista caroreño

Consideraciones finales

El doctor Marquís en su corta existencia de apenas 40 años fue testigo de excepción de los enormes y dramáticos cambios ocurridos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Fue un tremendo cambio de época como pocos se han visto en la historia de la humanidad. Las viejas y absolutas certezas del siglo XIX comienzan a desmoronarse en el arte, la literatura, la ciencia y la moral tradicional. Einstein, Planck, Freud, Cubismo, Dadá, Vitalismo, instinto e irracionalidad son las palabras que resuenan en este nuevo tiempo.

En los Estados Unidos, el país donde se doctoró Marquís en 1907, se comienza a realizar un ataque profundo al puritanismo, nos dice Daniel Bell, que provino de la cultura, de los grupos de intelectuales jóvenes del Harvard College. El puritanismo, decían, se había convertido en un viejo tronco yanqui seco. La cultura se amplia y da lugar al inmigrante y al negro. Domina la escena urbana. Se exige la libertad sexual, se crea una nueva bohemia en Greenwich Village. Se leía a Nietzsche, Freud, Marx.

Se resumía la exuberancia de la vida en una serie de palabras clave, continúa diciendo Bell. Una de ellas era Nuevo. Había la Nueva Democracia, el Nuevo Nacionalismo, la Nueva Libertad, la Nueva Poesía y hasta la Nueva República. Otra de esas palabras era Sexo, se acuña la palabra control de nacimientos, se sostenía que el matrimonio no debía ser un asunto de compulsión económica o legal. Se dictan conferencias sobre la homosexualidad y el sexo intermedio. Se celebra el amor libre, y muchos de los jóvenes intelectuales vivían en una ostentosa monogamia sin casamiento.

Una tercera palabra era Liberación, un viento que soplaba de Europa, un viento de modernismo que llegó a las costas americanas. En arte, fueron los fauves y el cubismo. En el teatro el simbolismo, la sugestión y la atmósfera. En literatura, fue la boga de Shaw, Conrad, y Lawrence. Pero la mayor influencia se sintió en la filosofía, agrega Daniel Bell, donde las corrientes del irracionalismo, el vitalismo, el instinto, trasmitidas por Bergson y Freud, se difundieron rápidamente en obras de divulgación. Se popularizo de Bergson su doctrina de la fuerza vital, un espíritu biológico consciente que animaba al universo. El sindicalismo fue asociado al vitalismo de Bergson por George Sorel. Francis Grierson, hoy olvidado, cuya obra consistía en ensayos místicos y aforísticos, fue considerado un profeta de la época.

Nace la sociedad consumista y del gasto. Se pierde el viejo temor puritano a la deuda. Crecen demográficamente los centros urbanos. Aparejado a todo esto, se estaba produciendo una revolución tecnológica que mediante el automóvil, el aeroplano, el cine y la radio rompió el aislamiento rural y por primera vez, unió al país en una cultura común y una sociedad nacional. Esta transformación social fue la responsable del fin del puritanismo y del sistema valorativo tradicional, concluye Bell.

Por supuesto que en Carora tradicional y conservadora estas ideas habrían de producir tremendo pánico y miedo entre sus clases dirigentes de la godarria, clase social con rasgos de casta que ha dominado la vida económica, social y cultural en esta antigua ciudad del semiárido larense. Una verdadera hegemonía ideológica y cultural la del patriciado caroreño, escribí hace unos años. Si bien es cierto que el puritanismo resultó vencido en el Norte, acá los valores del catolicismo colonial y barroco se resistían a ser desplazados. Recordemos además que nuestro biografiado no pudo conocer de las fundamentales transformaciones que produjo la naciente economía petrolera después de 1925 en adelante.

Y sucedió lo que tenía necesariamente que suceder: el doctor Marquís se retira de Carora desilusionado e incomprendido con rumbo a la activa ciudad comercial de Valera. Se me objetará mi pesimismo, pero una sociedad fuertemente anclada en un pasado que extiende su mano para sancionar, un único esquema conceptual del mundo y de normas morales de conducta que se activaron para desalentar el experimento pedagógico femenino de Marquís. Digamos, pues, con Mariano Picón Salas: Sufrimos los efectos del Concilio de Trento.

Luis Eduardo Cortés Riera

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