#OPINIÓN Dialogo entre Ramón Franeto y Martín Macario #9May

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

Ramón Franeto Ramos y Martin Macario Anchuero se conocieron a través de mi persona y se hicieron amigos, Ramón independiente pero comprometido con el ideario democrático y Martin militante de partido pero actualmente en condición de analista.

Los invite a una reunión por Zoom y de manera resumida escribo lo que conversaron, luego de mi pregunta inicial. ¿Cómo ven ustedes los actuales escenarios nacionales y que deben hacer los partidos políticos para  encontrar una salida a la crisis venezolana?

Ramón Franeto. Tu pregunta, plana y sin un diagnostico previo, lleva a respuestas elementales, a la repetición de los lugares comunes que se han expuesto a lo largo de los últimos meses. Los actuales escenarios políticos son obvios, un país destruido hasta sus cimientos, una población moribunda y en fuga, un descredito del  80 por ciento de la población respecto a la política como instrumento de soluciones y un régimen quebrado, sin monopolio de la violencia, que se sostiene en el poder gracias a la condición agónica del conjunto social. Entonces eso nos lleva a dibujar un solo escenario, somos un una nación rumbo a la disolución del Estado que le servía de estructura legal, para convertirnos en un territorio de grandes riquezas naturales a expensas de potencias extranjeras, quienes juegan un ajedrez internacional sobre nuestro destino sin que nosotros internamente podamos hacer algo para modificar este itinerario apocalíptico. La salida a este laberinto es por supuesto una gran unidad nacional que logre rescatar la emoción colectiva que se vivió cuando las grandes marchas y con base a esta movilización sincronizar acciones de presión con la plataforma de países aliados que empujan hacia una salida pacífica y electoral. Pero la unidad es una quimera porque le han puesto un vallado moral infranqueable mediante el cual los impolutos se apegan a solicitar condiciones electorales que el régimen nunca va a otorgar mientras que un sector pragmático ha decidido participar bajo las condiciones que a bien tenga dar el oficialismo. Entonces la salida es buscar la unidad autentica, centrarse en objetivos comunes que deben estar conectados con el drama cotidiano de la gente y que los partidos políticos se integren en una alianza dentro de la cual las aspiraciones grupales y personales sean supeditadas al cumplimiento de una estrategia basada en la satisfacción de las grandes necesidades nacionales.

Martín Macario. En verdad la respuesta de Ramón Franeto da como escalofrió porque presenta un escenario que parece una casa embrujada, oscura y siniestra donde el control de todo lo tiene el demonio. Pero eso es propio de los intelectuales y no es nada criticable porque sus análisis dibujan con claridad nuestro mapa de opciones, no obstante quienes actuamos como militantes políticos sabemos que muchos problemas se resuelven con la misma práctica, no de manera, milagrosa, sino haciendo cosas que generen esperanza. Pongo por ejemplo, las jornadas de ayuda humanitaria que hacen varios partidos, tienen un efecto muy positivo, no solamente para quienes reciben directamente el beneficio sino también para todos quienes sepan de estas tareas. La cosa es que cada partido las hace por su lado, esa iniciativa, ese hermoso gesto no tiene organicidad corporativa y por ello queda como algo aislado ,episódico, cuando estas actividades debieran entroncarse como una línea política común de todos los partidos en defensa del ciudadano. Pero más alla de este ejemplo, si todo ese trabajo de calle que realizan los militantes partidistas fuera bajo una sola coordinación nacional, con metas consensuadas, se tendría una expresión de fuerza que la población pudiera percibir como una opción de cambio. Pero a nivel nacional los partidos políticos no tienen un comando estratégico unificado, solamente se reúnen sus jefes para acuerdos tácticos, para pactos muy puntuales y luego cada quien coge por su lado en la búsqueda de crear o mantener espacios políticos propios. Este es el escenario partidista, un escenario interno que lo aísla del gran escenario de dolor que existe a nivel popular. Cual es la salida, allí concuerdo plenamente con Ramón Franeto, el lograr esa unidad superior que actualmente parece una quimera.

Ramón Franeto. Me recuerda Martin Macario una vieja tesis sobre la organización de los partidos, según la cual tenían la siguiente estructura, un nivel doctrinario, un nivel dirigente y un nivel militante, El primero producía las estrategias según ideas y análisis entrecruzados entre si .Los dirigentes se encargaban de motivar el cumplimiento de los objetivos estratégicos y la militancia era la encargada de concretar dentro de la sociedad la misión transcendente de las propuestas elaboradas a nivel doctrinario. Si damos un vistazo a la realidad actual de los partidos vemos que prácticamente no tienen nivel doctrinario, algunos de ellos lo tuvieron y de gran talla moral y calificación académica, a  nivel dirigente se han enfrascado en dar respuesta reactivas, que no propositivas, a las jugadas del régimen, con lo cual no puede superar la inmediatez pragmática. Mientras que el nivel militante hace gala de una conducta heroica por tener presencia en las comunidades a riesgo de sufrir agresiones por parte de policías, militares o colectivos, además de los riegos propios que crea la pandemia del virus chino. Por ello, por supuesto que subscribo plenamente lo dicho por Martin, el drama de los partidos es que son víctimas de la confusión porque no tienen un itinerario programático fundamentado en lo doctrinario que sirva de guía a la praxis, entonces esta confusión se traduce en acciones aisladas que muchas veces chocan entre si y generan confrontaciones y polémicas interpartidistas.

Martín Macario. Con dolor tengo que aceptar como buenas las palabras de Ramón Franeto, agregando solamente algo, en el Frente Amplio Venezuela Libre se había  conformado ese nivel doctrinario, con las ideas de Luis Ugalde, Ángel Oropeza,  Ramón Guillermo Aveledo, Américo Martin, Jorge Rosell y otros pensadores de gran aliento intelectual, pero el nivel dirigente de los partidos lo acabó pensando que era un Tótem inútil que antes de prestar beneficios era un estorbo. Como bien dice el amigo JER, Dios con nosotros y nos ilumine.

Jorge Euclides Ramírez

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