miércoles, agosto 4, 2021
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#OPINIÓN Silvestre sedujo al toro #11Jul

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Silvestre Rodríguez tiene alrededor toda su vida FUE ganadero. TENIA una finca de aproximadamente 700 hectáreas de montañas y suaves pendientes. Se llega luego de pasar Palmarito y sortear quebradas y repechones, por una vía llena de vida, cobijada por armonías silvestres dentro de las cuales el trino de aves canoras algunas veces desaparece asustado al sentir el rugido de la bestia mecánica que solitaria se engulle la quietud de un paisaje donde el verde y el marrón cruzan espadas en duelo mítico de perseverancia y resistencia.

Silvestre Rodríguez tenía buenas vacas criollas y a todas las atendía con singular cariño y dedicación, Sus vacas estaban un poco por encima de los cuatro litros diarios en promedio por animal. Una tarde Don Silvestre, sentado y pensativo miró las laderas y sus lagunas, observo sus vacas con orgullo y por dentro se dijo que sus tierras podían crecer en productividad. Para ello necesitaba incorporar una raza lechera que aguantara el sol con valentía, Silvestre sin saberlo sintió el mismo ramalazo de optimismo que un día tuvo Teodoro Herrera Zubillaga.

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Y pensando y pensando Silvestre Rodríguez se dijo para si mismo , si la Raza Carora aguanta el calor en lo llano mejor lo debe aguantar acá en el cerro donde la brisa bate con frescura. Decidió de esta manera comprarse un toro puro Raza Carora. Y como los soñadores no se conforman con lo bueno sino con lo mejor se fue hasta Sicarigua para obtener un semental de alta calidad que le permitiera mejorar la genética de su rebaño. Mario José Oropeza lo paseo por los corrales donde estaban los toretes para la venta, todos de buena plana y descendientes de animales con eficiencia lechera comprobada. Pero Silvestre se aparto de los corrales y se fue caminando hasta un galponcito donde a la sombra estaba un hermoso torete, cruzó su mirada con el animal y allí nació una amistad profunda…Caramba Don Silvestre ese torete no esta a la venta, es hijo de la mejor vaca que hemos tenido, de Santa Cruz, la cual de tan buena no la dejaron concursar mas y solamente la llevamos a las ferias como una reina para que los ganaderos la vean y se tomen fotos con ella.. Ese torete esta destinado a ser nuestro semental estrella en Sicarigua, por eso lo tenemos apartado, lamento mucho que se haya encariñado con él.

Pero no se imagino Mario José Oropeza lo que puede la porfía de un hombre maduro persiguiendo un sueño… A torete bonito le dijo, si no me lo vende por lo menos deje que lo venga a visitar cuando pueda. Ante el extraño pedimento no quedó sino una respuesta positiva, Semanalmente Don Silvestre visitaba al torete, le sobaba y peinaba, el animal movía con agrado y orgullo su robusto cuello. Pasaron algunas semanas y de pronto los encargados de cuidar al torete veían que este a ratos se entristecía y que solamente se alegraba era con la visita de Silvestre Rodríguez. Un día no quiso comer y tuvieron que llamarlo. Mario José le dijo a Don Silvestre, usted ganó, le vendo al toro porque sin uno saberlo usted lo hizo suyo a punta de cariño, lo que falta ahora es que lo pague y se lo lleve.

De este episodio hace ya varios años y el Toro Crucito , que así se llamaba , en correspondencia al empeño de su amigo Silvestre se puso en una de romance interminable y con la fuerza de un Juan Tenorio empreño a casi todas las vacas del rebaño de su nuevo propietario.

Cuando se visitaba la finca de Silvestre Rodríguez se observaban unos animales con un fenotipo raza Carora de alta calidad, las vacas con grandes ubres y los machos con su corpulencia típica. Trece litros de leche por animal producía la finca de Silvestre, el mismo promedio de fincas con mayor tradición y más inversiones.

Esta lección además de contener lo hermoso de un sueño cumplido, explica con claridad el camino que debiéramos tomar en Venezuela si en verdad queremos elevar los niveles globales de producción lechera, Y no es otro que el buscar a la gente enamorada de su trabajo, gente que sueña con el campo, que ama y sufre junto a sus animales, que tiene la tierra metida en el corazón y la trabaja como si se tratase de un matrimonio bien avenido. Porque lo otro, el querer producir a empujones de la suerte , el llenar de inventos los espacios donde debe estar la voluntad de superación, no es otra cosa que engañarse, transitando un camino que conduce a un precipicio de frustración y pesimismo.

Jorge Euclides Ramírez

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